Visión Social

Dimensión moral de la política

La idea clásica de la política, es decir, aquella heredada de la cultura greco-romana, dejó su huella en el desarrollo los pueblos que la heredaron durante muchos siglos. Era una idea íntimamente relacionada con los conceptos de bien, de justicia, moralidad e ideales de vida comunitaria. Ciertamente la vida política real se acercaba o alejaba de ella, pero sin duda servía de referencia principal.

Con la llegada de la Edad Moderna se produjo una ruptura entre la política y la moral, tanto a nivel del discurso como al nivel de acción. Así, con las luchas de Felipe el Hermoso (Felipe IV de Francia, que no hay que confundir con Felipe I de Castilla, del mismo apodo) contra el Papa Bonifacio VIII, a finales de siglo XII y principio del XIV, dejaron patente una mentalidad distinta que, poco más tarde se plasmó en los escritos de Nicolás Maquiavelo que, en su libro "El Príncipe", concebía la política como una gramática para la conquista y conservación del poder.

La ruptura entre política y moral llevó igualmente a la ruptura entre política y sociedad, agudizada poco a poco con el pluralismo producido por la reforma protestante, la cultura ilustrada, la modernidad y la secularización de la vida pública. Contribuyeron a la separación pensadores como Hobbes, Locke y Rousseau que ofrecieron sus teorías de la convivencia política y de la autoridad sin recurrir a una realidad trascendente que les sirviese de fundamento. Con el liberalismo el hecho religioso, al que se vinculaba la moral, se relegó a la esfera privada.

El proceso histórico, con todos sus dramas, nos puede permitir profundizar sobre la naturaleza de la política y afirmar su diferencia, su autonomía y, al mismo tiempo, su íntima vinculación con la moral en cuanto realidad humana, porque las acciones en su ámbito conducen o alejan de la felicidad de las comunidades y de los individuos, en otras palabras, son buenas o malas en alguna medida.

Cuando Maquiavelo hablaba de la gramática del poder, sostenía que la política posee leyes propias de índole utilitario y con la finalidad de adquirir y conservar el poder. A esta concepción algunos la llamaron "científica", opuesta a una concepción normativa y tendiente a marginar del debate académico y del debate político las preguntas por el bien y el mal, por la justicia y la legitimidad.

Todo el magisterio de los papas, pero en especial el de Benedicto XVI, invita en cambio a repensar el significado de la autonomía de la política y a interrogarnos sobre su dimensión moral. Los principios que rigen la política se encuentran en la naturaleza del hombre y de la sociedad. La política, si bien cuenta con una dimensión relativa al "juego del poder" ha de ser entendida sobre todo como ideal, como forma de vida en común y como noble actividad humana.

Dicho de otro modo, la política tiene una razón de ser, porque debe buscar que la vida junto a otros, nuestros semejantes, sea más que una simple coexistencia y llegue a establecerse como convivencia pacífica y ordenada. Esta es una exigencia moral de nuestro ser que requiere la existencia de la autoridad política y de un orden jurídico que estén al servicio de las personas y del bien común.