Visión Social

Derechos individuales

A través de la Ilustración y el racionalismo, la Edad Contemporánea culmina un proceso hacia un cierto humanismo que había comenzado en la Edad Media, que se propone sin embargo de un modo parcial, considerando al individuo como referencia última de todo y como rompimiento con el pasado. Surgieron dos grandes declaraciones de derechos humanos, la de Virginia y la de Francia.

Dentro del liberalismo, con Stuart Mill se quiso proponer una fundamentación de los derechos humanos partiendo del presupuesto de que en la democracia en realidad no gobierna la totalidad, sino la mayoría, por lo cual era importante señalar claramente los derechos inalienables de cada hombre, de modo que pudieran ser tutelados.

La Revolución francesa puso en marcha un movimiento que por un lado permitía a las masas aspirar a la obtención de sus libertades, pero que también albergaba componentes radicales y anticristianos. Se planteó la oposición, falsa en realidad, entre los derechos del hombre y los derechos de Dios. Se llegó a la inhumana paradoja de que los presuntos defensores de los derechos humanos perseguían y asesinaban sin piedad, en particular en la época llamada del Terror. En este ambiente apareció la "Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano" (1789), el Estado pretendió controlar la vida religiosa y se desató una ola de violencia contra la Iglesia.

En aquel tiempo, Pío VI, con dudas y tardanzas, desde Roma se opuso a la declaración de 1789 y a la llamada "Constitución civil del clero". El conflicto de fondo no estaba propiamente en los derechos de las personas, sino en que la Revolución los propuso en un contexto violento y destructivo, que en el fondo no era compatible con los desmanes y abusos que en su nombre se cometieron.

Si de verdad se buscaba la libertad, no se podía en nombre de ella quitar a los católicos la libertad de sostener el papel de Dios y su importancia para la vida, no sólo de manera privada, sino en su dimensión social.

En el siglo XIX la Iglesia buscó reorientar las aspiraciones de la modernidad, sin dejar de lado los propios fundamentos. Que los derechos humanos no están en conflicto con la visión cristiana de la vida y de la política buscaron mostrarlo teólogos y obispos. Hacia finales de aquel siglo León XIII enseñaba que los ciudadanos pueden elegir su forma de gobierno y participar en política, que el Estado debe respetar los derechos individuales, que tanto patronos como obreros son sujetos de derechos y obligaciones.

La encíclica "Rerum novarum" ha marcado un momento importante para los derechos humanos. Ahí se reconoce el derecho a la propiedad privada, a formar una familia, a casarse o a permanecer célibes, a asociarse, a recibir un salario digno, al descanso, a cumplir los deberes religiosos.

Los Pontífices desde entonces han prestado siempre una especial atención al tema social, particularmente en tiempos de grandes dificultades. Así Benedicto XV, cuando la primer guerra mundial, buscó incansablemente que se restableciera la paz, mostró su solidaridad con las víctimas de la guerra repartiendo víveres, organizando servicios de búsqueda de desaparecidos.