Visión Social

Cuerpos intermedios

La base del Estado se encuentra sin duda en la sociabilidad humana, así como la de la familia, denominada "célula básica" de la sociedad. Pero no son solamente estas dos realidades las que encuentran su fundamento en esta característica especial de la sociedad humana, sino otras muchas realidades asociativas llamadas "cuerpos intermedios" que, podría decirse, se encuentran ubicadas entre las dos mencionadas, que son respectivamente la máxima y la más elemental expresión de esta cualidad humana.

Tales expresiones de la sociabilidad humana deben ser tuteladas de modo que no sea quitado a los individuos y a los cuerpos intermedios lo que pueden realizar con sus propias fuerzas o, en otras palabras, las sociedades de mayor tamaño y fuerza, sobre todo el Estado, no debe absorber lo que de por sí podrían hacer las sociedades menores y mucho menos destruirlas.

En realidad las sociedades superiores en autoridad, fuerza y recursos, deben ponerse en actitud de ayuda respecto a aquellas menores, por eso el principio que rige estas relaciones se llama el principio de subsidiariedad, como lo señala también la etimología de la palabra, que viene de "subsidium", es decir, "ayuda". Los cuerpos sociales intermedios podrían así desarrollarse según sus capacidades y competencias, obviamente en el marco jurídico en el que el derecho de asociación debe ser protegido.

Por lo mismo la subsidiariedad tiene un aspecto positivo que toca lo que se debe hacer, y otro negativo, que toca lo que se debe evitar. Lo que debe hacerse es que son necesarias las ayudas económicas, institucionales y legislativas que permitan el desarrollo de las sociedades o asociaciones más pequeñas. Lo que debe evitarse es que el Estado, u otras grandes realidades que actúan en la vida de la sociedad, restrinjan el espacio vital de las realidades más pequeñas. Negar la subsidiariedad o limitarla injustamente puede llevar a anular el espíritu de libertad e iniciativa.

Cuando se habla de centralización, burocratización y asistencialismo nos enfrentamos a los efectos del olvido del principio de subsidiariedad. Un Estado asistencial produce el aumento irracional de los aparatos públicos que corren el riesgo de perder de vista las necesidades de la población y carga a todos con el peso de las pérdidas económicas que esto conlleva. Así como los monopolios estatales, los monopolios "privados" también pueden generar serios daños sociales en cuanto ponen en peligro la competencia pequeña que no puede enfrentarles.

El principio de subsidiariedad exige el respeto y la promoción de la familia y de la persona, la valoración de los cuerpos intermedios y una articulación pluralista de la sociedad, así como la intervención pública oportuna y necesaria, especialmente en las situaciones de mayor indigencia social.

El ideal es el justo equilibrio de las esferas privada y pública, donde el ciudadano pueda sentirse y ser de hecho actor responsable de la vida pública a través de iniciativas, tanto individuales como de grupo, que pueden contribuir a la solución de los problemas de la comunidad.