Visión Social

Crecimiento en equidad

Después de hablar de cómo es necesario redescubrir la fraternidad para afrontar las crisis financieras y económicas contemporáneas, sobre lo cual comentamos la semana pasada, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del pasado primero de enero se tocan algunos problemas sociales e internacionales de actualidad.

No han faltado quienes se sientan confundidos y den un sentido inadecuado a algunas frases y gestos del Papa Francisco relativos a las cuestiones económicas. Consideran que ha tomado una postura de "izquierda" visto que es contrario al capitalismo.

Así, por ejemplo, algunos podrían en tal sentido leer las palabras de su exhortación apostólica "Evangelii gaudium" que dicen: "no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado.

El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo".

Conviene recordar que este tipo de críticas a una visión "capitalista" de la economía no son nuevas, ya que se remontan en sus raíces a la "Rerum novarum" de León XIII (siglo XIX) y de modo muy claro a la "Quadragessimo anno" de Pio XI (1929) que no aceptaban que se viera como ilimitada la competencia de las fuerzas económicas. Ya entonces se hacía ver tanto el valor de la propiedad privada como la dimensión social de la misma.

El mismo Papa Francisco, apenas después de las palabras mencionadas, añade que está "lejos de proponer un populismo irresponsable" y entonces insiste: "la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos".

El Papa no puede ni pretende proponer un modelo económico determinado o enseñar a los gobiernos o a las empresas a hacer su trabajo, sino recordar e insistir en la dimensión humana y moral que subyace en toda la problemática económica. No es hablar de cosas solamente para pensar o elucubrar, sino de asuntos cuya importancia se manifiesta en las situaciones concretas por las que atraviesan actualmente los pueblos y las personas en el mundo.

En la misma exhortación papal se puede hallar un consejo muy valioso, cuando dice que "para reflexionar acerca de esos diversos temas (sociales) tenemos un instrumento muy adecuado en el "Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia", cuyo uso y estudio recomiendo vivamente".

El mismo Pontífice señala también que "ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos". Esto hace comprender que su pretensión es siempre un llamado a la conciencia (de izquierdas o derechas) y que todos debemos participar aportando lo mejor que podamos con el fin de establecer condiciones de vida favorables a todos.

En México, como en todo el mundo, aunque de diferentes formas, tenemos una amplia gama de problemas que afrontar. Hay que lograr la justicia y la equidad, lo cual se antoja una meta demasiado lejana.

Ojalá que las palabras del Papa Francisco nos animen a buscar soluciones para que nuestra economía crezca en equidad. Obviamente esto depende de los mexicanos, no del Papa.