Visión Social

Caridad y vida social

En 1991 san Juan Pablo II, en su encíclica "Centessimus annus" y refiriéndose al principio de solidaridad, decía que "León XIII lo enuncia con el nombre de 'amistad'...; por Pío XI es designado con la expresión no menos significativa de 'caridad social', mientras que Pablo VI, ampliando el concepto, en conformidad con las actuales y múltiples dimensiones de la cuestión social, hablaba de 'civilización del amor'".

Es cierto que la solidaridad, la amistad y la caridad social están íntimamente vinculadas pues es apoyan y surgen de la naturaleza humana y le permiten desarrollarse y alcanzar su perfección. La civilización del amor es el ideal de la mejor realización de cuanto aquellas implican y corresponde a los anhelos de paz y de justicia presentes en el corazón de cualquier hombre de buena voluntad.

Con todo, existen ciertos matices que diferencian estas cualidades. La solidaridad indica la disposición de unidad y colaboración con los demás en cuanto seres sociales iguales en dignidad, mientras que la amistad se refiere al afecto desinteresado entre las personas. Tanto la solidaridad como la amistad son virtudes humanas naturales. Para los cristianos la caridad es una virtud teologal que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. La caridad se dice que es amor sobrenatural en cuanto que es Dios quien lo infunde en el alma.

Por lo anterior se puede comprender que, desde el punto de vista cristiano, existen dos niveles, el natural y el sobrenatural. El segundo presupone el primero y, por ello, nadie puede crecer en la caridad si no es solidario con su prójimo o si no es capaz de tener un afecto desinteresado por otras personas. Así, el cristiano interactúa en la sociedad también con quien no es cristiano porque el amor, la solidaridad y la amistad son cosas humanas buenas y apreciables.

La motivación cristiana más elevada para colaborar en la construcción de una mejor sociedad se encuentra en la caridad, que se refiere a los demás y no consiste nada más en dar ocasionalmente una limosna, sino en una disposición constante en la búsqueda del bien. Hablar de caridad social es hablar no solamente del bien de una persona, sino de la búsqueda del bien de la sociedad, es decir, del bien común.

Decía el papa Benedicto XVI en la "Caritas in veritate" que "se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales. Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la "pólis". Así, hablaba incluso de una "vía política" de la caridad.

El compromiso en el orden temporal, en la búsqueda del bien común y en la colaboración con todos en el trabajo por mejorar en la seguridad, en la cultura, en la economía, en la participación, es para los creyentes una forma de testimonio.

Para Benedicto XVI "la acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa "ciudad de Dios" universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana.