Visión Social

Cambio y permanencia

En 1986 se publicó la instrucción "libertatis conscientia" de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la que se trataban de presentar los principales elementos de la doctrina cristiana sobre la libertad y la liberación. En ella se decía que la praxis cristiana "es el cumplimiento del gran mandamiento del amor" y que "este es el principio supremo de la moral social cristiana". En ella se explicaba que la enseñanza social de la Iglesia había surgido del encuentro del Evangelio con los problemas que surgen en la vida de la sociedad.

Añade el documento que "esta enseñanza (la de la doctrina social), orientada esencialmente a la acción, se desarrolla en función de las circunstancias cambiantes de la historia. Por ello, aunque basándose en principios siempre válidos, comporta también juicios contingentes". Tenemos entonces dos cosas diferentes pero relacionadas, por una parte los principios, caracterizados por una permanente validez, y por otra los juicios que pueden cambiar, sobre todo a causa de las circunstancias históricas.

No es posible escoger solamente lo permanente y excluir el cambio, ni escoger el cambio descartando absolutamente lo permanente. Si se quiere que algo permanezca, sobre todo en lo humano y social, no hay más remedio que adaptarlo a las nuevas circunstancias. Es como un hombre, que es la misma persona desde que comienza su vida y después pasa por diversas etapas, como la niñez, la adolescencia, etc. Su conservación exige el cambio corporal, psicológico y social.

Pero no es posible optar sólo por el cambio, pues todo se volvería vano y contradictorio, y tomado radicalmente sería por fuerza auto-destructivo. Si cambias todo desapareces.

Cuál es la justa medida del cambio y de la permanencia es un reto filosófico y moral de los hombres del siglo XXI. Es posible que en el afán renovador se dejen atrás elementos valiosos e importantes, claves para la convivencia humana y para el desarrollo y el mejoramiento de las sociedades. Es posible también considerar inmutables cosas que no lo son.

En la doctrina social cristiana se proponen varios principios de carácter general y fundamental, ante todo el de la dignidad de la persona humana. Se mencionan además el del bien común, el de la subsidiaridad y el de la solidaridad. Estos principios buscan expresar la verdad sobre el ser humano que conocemos a través de la razón y la fe.

La instrucción arriba mencionada hacía ver que no se pretende "constituir un sistema cerrado", sino una aportación abierta "a las cuestiones nuevas que no cesan de presentarse (y que) requiere, además, la contribución de todos los carismas, experiencias y competencias". Los principios mencionados son a su vez el fundamento de los criterios para emitir un juicio sobre las situaciones, las estructuras y los sistemas sociales y gracias a ello se pueden encontrar luces o directivas que orienten la acción en la vida social.

Finalmente son las personas como miembros de la comunidad las que participando activamente en las cuestiones sociales las que haciendo uso también de la ciencia y de la técnica, propongan alternativas de solución adecuadas e iluminadas ética y moralmente a la variedad de las circunstancias que nos presenta el mundo actual.