Visión Social

Bases de acción

La acción responsable de las personas en la sociedad humana va, o se espera que vaya, mucho más allá de la acción instintiva, aunque muchas veces compleja y fascinante, que observamos en general en el mundo animal.

La capacidad cognoscitiva del ser humano le permite pensar en las cosas y en sí mismo, descubriendo mucho más de cuanto los datos sensibles de los que parte su inteligencia parecen ofrecer superficialmente.

Más aún, es capaz de considerar atenta y repetidamente algo, es decir, de reflexionar con el fin de descubrir lo que son las cosas y lo que es su propio ser.

La reflexión es una base indispensable para la acción humana, particularmente si consideramos aquellas acciones que se dirigen a las realidades propiamente sociales. Prescindir en este campo de una seria reflexión es correr el riesgo de llevar a cabo acciones que, si no son de por sí desviadas, pueden ser imprudentes e inútiles, o incluso nocivas.

Actuar con responsabilidad en la sociedad supone una atenta y, en lo que cabe, segura evaluación de la acción, de sus circunstancias, fines y consecuencias.

En el terreno social – entendido ampliamente y comprendiendo en él a la política, la economía, el trabajo y otras cosas relacionadas que dependen de la sociabilidad humana – la reflexión debe tener puntos de referencia ciertos principios claves de la convivencia humana, que se descubren cuando se mira al hombre como persona, a saber, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiaridad, la solidaridad, la participación, la verdad, la libertad y la justicia.

La acción humana requiere, también en lo social, el ejercicio de la conciencia, la cual lleva a un juicio en el que se establece la bondad o maldad de la acción evaluada. De tal juicio depende la decisión libre de emprenderla o desistir de ella.

La elaboración de este juicio se debe atener a una normativa ética que se relaciona íntimamente con los principios de reflexión apenas mencionados, en cuanto dicha normativa consiste en criterios de juicio en los que la acción se evalúa por su respeto y por la conformidad a los principios.

El desarrollo de una acción en el campo social implica normalmente más que un impulso inicial para poder alcanzar su cometido. La complejidad de las relaciones y asuntos humanos requiere acciones duraderas y complejas, que muchas veces implican otras acciones subordinadas a la acción principal o son partes integrantes de una acción de mayor dimensión.

Por ello la acción necesita también un seguimiento y la renovación de los impulsos que la generan, así como de una supervisión que garantice que ella no se desvía de su fin y mantiene el rumbo establecido.

Esta supervisión se lleva a cabo de nuevo en relación con los principios fundamentales se convierten así, en directrices de la misma.

Quienes compartimos la fe sabemos además que "el cristiano puede encontrar en la doctrina social de la Iglesia los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción como base para promover un humanismo integral y solidario".