Tribuna

Los maestros solidarios con sus pares de Oaxaca

Los maestros de Tamaulipas eran considerados una especie privilegiada, apapachada por el sistema político local próximo a despedirse. Del pasado se recuerdan aquellas celebraciones del 15 de mayo en las que un automóvil cero kilómetros era el regalo principal, entre otros atractivos reconocimientos.

Incluso el jefe político en turno de la entidad les llamaba en el discurso oficial “mis amigos” los maestros, y como tal era el trato, si no para todos los profesores, sí para un grupo perteneciente al liderazgo sindical en turno.

Lo que pasaba con sus pares de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, pertenecientes a la agrupación contraria de profesores, eran sucesos que se veían por encima del hombro, no importaban. En Tamaulipas ser maestro significaba un futuro asegurado para varias generaciones.

Pero la época de vacas gordas terminaron y la responsabilidad se la acreditan a la reforma educativa implementada en la primera mitad de la gestión del presidente Enrique Peña Nieto.

Dicen que la información es poder, pues entre los maestros esa máxima se confirmó. La desinformación hizo que tomarán decisiones apresuradas.

Los trámites para jubilaciones se dieron en montones porque con la reforma ya no podrán heredar la plaza a un hijo -sin la carrera ni la vocación para ser maestro-, así se corrió el rumor entre los docentes.

Lo que seguía de no aprobar la evaluación era el despido, y tras esto quedar sin una pensión por los años dedicados al servicio, era otra de las versiones que ocasionó que el pánico se alojara en la mente de los maestros.

A la desinformación, cosa rara entre profesionistas que por años se dedican a enseñar a otros a leer, se suma lo que es considerado como indiferencia oficial por informar a los “amigos maestros” los pormenores de la reforma educativa.

En Tamaulipas sus diputados presumieron la votación unánime de la reforma constitucional en el Congreso local, pero nunca se supo de reuniones con los profesores de sus respectivos distritos para informales, tranquilizarlos.

El viernes y domingo recientes, los maestros salieron a las calles, en gran número -aunque también hubo muchos colados-, para expresar su apoyo por lo que ocurre con sus compañeros de Oaxaca, además de quejarse del trato que reciben con la implementación de la reforma educativa, en tanto los liderazgos sindicales que se beneficiaron, de los privilegios y apapachos, del pasado, siguen desde la comodidad de su casa las expresiones de inconformidad. De ellos nunca se quejaron o al menos no en público ni en la cantidad como lo hacen ahora.