Tribuna

¿Por qué elegir un diputado?

Las campañas han entrado en su recta final. La próxima semana estaremos hablando de las últimas 48 horas para que los candidatos puedan hacer proselitismo. Seguro lo harán hasta el último minuto, como lo hicieron, algunos, en los primeros segundos del arranque.

Ha sido un periodo de proselitismo frío el que se ha vivido en Tamaulipas, donde se elegirán ocho diputaciones, el ingrediente adicional o que tal vez le imprima emoción es sí el PRI, que es gobierno local y desde hace poco menos de 3 años lo es a nivel federal, puede revertir la debacle de 2012, en la que obtuvo solo 2 de 6.

Pero la misma elección, la intermedia, lo ha sido de manera histórica. Interesante la campaña en el vecino estado Nuevo León, con ese Bronco que tiene adeptos allá, aquí, y ha logrado que se hable de él en todo el país ante la posibilidad de que bajo el membrete de una candidatura independiente pueda acceder, otra vez, al poder.

Elegir diputados federales no emociona a muchos, a pesar de lo que está en juego: decidir quién será nuestro representante en la máxima tribuna del país.

En la Cámara de Diputados se deciden asuntos vitales para el país, como la autorización del presupuesto y el destino de los mismos recursos aprobados, que si carreteras, puentes, hospitales, escuelas, y otras tantas cosas son las que deciden a quienes les vamos a dar nuestro voto el domingo 7 de junio.

También se hacen leyes o corrigen las que están. Por ejemplo los que van de salida dicen que destacan por la cantidad de legislaciones realizadas. La fiscal, de la que tanto se quejan los empresarios, queda claro que no pensaron en ellos cuando la votaron. La educativa, la de telecomunicaciones, y la madre de todas las reformas, la energética, sobre la que dicen nos pone en camino de un futuro de auténtico progreso.

Otra función no menos importante de un diputado federal es la de fiscalizar, o lo que es lo mismo revisar a nuestro nombre que cada peso del presupuesto autorizado haya sido aplicado para lo que se destinó, se haya utilizado en su totalidad, y en caso contrario exigir todo el peso de la ley para el responsable de un desvío.

Entonces no tendría por qué ser una elección fría la a realizarse en dos domingos, o será que la sociedad ya no cree, o nunca lo ha hecho, que quienes piden el voto para ser diputados no atienden a compromisos empeñados con sus representados, y las tres funciones arribas descritas las realizan por intereses de partido, en el menos peor de los casos, o de de otros grupos que son los que verdaderamente mandan.