Tribuna

¿Pueblo grande o urbe industrial?

La efervescencia por la sucesión que viene en Altamira está a todo lo que da, como en el resto de Tamaulipas, y la lista de aspirantes por las candidaturas disponibles sigue sumando nombres.

En la ciudad, como en las otras 42 de la entidad, se renovará la alcaldía que hoy está en manos de Armando López Flores, así como los altamirenses también elegirán en 2016 a dos representantes para el Congreso, además del gobernador.

Es en el partido oficial o el que hoy gobierna el municipio, el PRI, en el que más movidos andan por darse a notar, unos con respaldo, otros con por su cuenta, y también los hay quienes se apuntan para ver que sacan o rescatan.

Sus nombres son muy mencionados, algunos familiares directos de personajes que ya han gobernado la ciudad, otros conectados al servicio público en la gestión de aquellos a cuyos hijos ahora les competen la designación de las candidaturas en juego.

Unos y otros creen que ese lazo sanguíneo o el respaldo de esos clanes, previa negociación de cuota de espacios, les da el pasaporte para obtener, sin preparación alguna, la ansiada postulación.

Al municipio lo ha gobernado dos veces la misma persona; su esposa; el hermano del que también fuera presidente municipal, en el inter quienes fueran sus empleados, y el plan es que sigan siendo sus familiares directos.

Pero Altamira es más que un feudo a repartirse entre unos cuantos. Sede de capitales internacionales desde hace lustros, tiene un futuro promisorio con la apertura del sector energético a inversionistas privados.

Por ello sus próximos gobernantes y representantes ciudadanos deben estar a la altura de las responsabilidades que se vienen, responder a la expectativa de un progreso que debe alcanzar a todos los habitantes y no solamente para unos cuantos.

Los industriales o los representantes de sus intereses en el municipio también deberán asumir la parte que le corresponde, participar más allá de los límites de las propiedades a su encargo.

Involucrarse en los asuntos extrachimeneas, poner el acento en la ausencia de gestión, en la falta de inversión, y exigir también la transparencia y rendición de cuentas del servicio público a cuyo erario aportan con el pago de contribuciones.

Altamira merece candidatos acorde a los tiempos, no unos que cuenten con el aval de los viejos, y enriquecidos, del pueblo.