Tribuna

Progreso y bienestar contra la violencia

Tamaulipas permanece en los primeros lugares de incidencia delictiva. Homicidios, secuestros, robos, y más delitos cuyo recuento se lleva de manera mensual y se carga a un sistema nacional, están a la alza.

El último reporte indica que en abril se cometieron más delitos en el año. También en el ánimo de la gente está la percepción de que la situación no mejora.

En Reynosa la violencia se ha extendido hasta ahora, pese a que el hecho que lo detonó ocurrió hace semanas, la persecución y abatimiento del jefe de la delincuencia organizada en la plaza.

Un mando policiaco consultado sobre el incremento de homicidios que registra la entidad y reporta el Sistema Nacional de Seguridad Pública, lo acredita a la situación que impera en esa ciudad de la frontera.

La capital del estado, Ciudad Victoria, aporta también al incremento del número de muertes dolosas, con una incidencia sostenida de homicidios.

En Tampico y la zona sur del estado no hay sucesos de alto impacto, al menos a la vista de todos. De lo que se duele su gente es de la frecuencia de los robos en sus distintas modalidades.

Asaltos a plena luz día como de noche, a gente de pie, como en transporte público; robo a domicilios como a negocios, son el flagelo que castiga a todas las clases sociales de la zona conurbada.

A todas luces la estrategia de seguridad diseñada especialmente para Tamaulipas hace ya tres años sigue quedando a deber.

Ahora el plan de seguridad puesto en marcha apunta a afectar las fuentes de financiamiento del crimen organizado. Es aquí donde el refuerzo federal vendrá con la aportación de mayor inteligencia.

Es evidente que la lucha frontal contra la delincuencia emprendida en el sexenio panista de Felipe Calderón, y que continuó la actual administración de Peña Nieto fue y es una estrategia incompleta.

A la política del garrote para acabar con los malos, le falta en paralelo una de progreso y bienestar que le reduzca las reservas humanas a quienes se dedican a la violencia.

Más inversión pública que por ende genere mayores fuentes de empleos directos e indirectos; con mejor y mayor infraestructura las ciudades se convierten en verdaderas zona económicas atractivas para la inversión privada, lo cual también produce nuevas fuentes de trabajo, que traen lo que tanto hace falta por esto momento: bienestar y progreso.

¿De dónde van a salir esos recursos? De menos gastos personales y un riguroso ejercicio del gasto público. De menos dinero a partidos políticos, sobre todo en años no electorales.