Tribuna

Odila… y las barbas que se deben remojar

El paso del huracán Odila por territorio nacional, nos recuerda lo vulnerables que somos frente a un fenómeno meteorológico, y al mismo tiempo advierte que una verdadera cultura de la prevención abona a reducir los efectos negativos que todavía hoy se siguen enumerando.

La península de Baja California en su extremo sur fue el blanco de impacto de vientos superiores a los 100 km/h que arrasaron todo a su paso, aunado a los volúmenes de agua que trae consigo un ciclón de la naturaleza como el de la semana pasada.

Si bien con toda la tecnología a nuestro alcance se da seguimiento puntual a los disturbios naturales, y se emiten avisos oportunos para que se tomen las medidas preventivas necesarias, los efectos tras la entrada a tierra de un huracán siguen siendo de destrucción y posterior caos.

Los saqueos de mercancías en negocios, incluso también a hogares que no sufrieron tantos daños, así como la ausencia de autoridad que impusiera el orden, no reflejan una auténtica estrategia preventiva para llevar las consecuencias al mínimo.

La falta de agua para tomar, y otros insumos básicos que se saben escasearán tras el azote de un ciclón, dejan al descubierto que la cacareada prevención se reduce a avisar: va para allá va la tormenta; no salgan de sus casas; y según los daños ya se verá qué se hace.

En verdad, ¿a poco ninguna mente brillante que le cuesta tanto en salario al pueblo de México pudo advertir lo que sucedería tras un huracán de la fuerza de Odila?

En serio, ¿a ninguno se le ocurrió enviar lo necesario para evitar el desorden social que se genera tras un meteoro, incluidos elementos para reforzar la seguridad? Entonces, ¿de qué sirve conocer con tanta oportunidad la zona de impacto y posible trayecto de un fenómeno natural?

Por cierto, que no se nos olvide que casi 800 mil habitamos un territorio que es ruta de huracanes, y que existen pendientes que de seguir postergándose cobrarán un precio muy alto a una mayoría ¿O a poco le vamos a seguir dejando todo a los marcianos?

Si bien la temporada de huracanes para el Atlántico finaliza el 30 de noviembre, la zona conurbada ha estado exenta de contingencias mayores relacionadas con un fenómeno, pero los casos reciente de Acapulco, en 2013; y Los Cabos, aún vigentes, obligan a revisar lo que está pendiente por realizar para evitar catástrofes que hagan voltear a nosotros el ojo nacional, ya con la inseguridad es suficiente.