Tribuna

Accidente aéreo exhibe carencias en el aeropuerto

El martes por la tarde una avioneta se desplomó hacia el interior del aeropuerto de Tampico, un accidente con saldo mortal del que la memoria colectiva no recuerda precedente cercano.La versión del suceso se divulgó en redes sociales, y partir de ahí a comprobar el hecho, como indica el a-b-c del periodismo.

De entrada se anticipaba que el hermetismo rodearía el acontecimiento, como ocurrió hasta el final.La evidencia del suceso fue capturada desde la azotea de una casa contigua a los límites de la terminal aérea de la ciudad, pero faltaban los detalles.¿Quién?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, y más respuestas fueron conseguidas, arrancadas casi, mediante recursos que cada quien de los que acudieron a realizar reporteo de campo, y otros desde el escritorio, lograron mediante recursos que da el tiempo en esta profesión.

El porqué del silencio oficial, o de la autoridad encargada de dar la información no se entiende, ni por motivos de seguridad, pues ni que la independencia del país dependiera de decir qué fue lo que pasó.

Dirección General de Aeronáutica Civil, encargada de la operación técnica de los aeropuertos, es una dependencia adscrita a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y por ende depositaria de recursos públicos para su operación, como el salario del jefe de operaciones en Tampico.

Del otro lado, está el derecho constitucional de la sociedad de acceder a la información y los medios de comunicación, como enlace, encargados de procesarla, pues ni una cosa ni la otra, porque tal vez la seguridad de México estuvo en riesgo si conocían los detalles del desplome de la avioneta.En paralelo, las carencias de los cuerpos de rescate del aeropuerto de Tampico. Más de cinco horas duraron los trabajos para recuperar los cuerpos de entre los hierros retorcidos.

Y es que no hubo las herramientas necesarias. Se intentó hacer con una sierra, lo que ocasionó un incendio tras la fricción de metales, chispas alcanzaron la maleza; luego, la motobomba de los apagafuegos del aeropuerto también registró un desatino, lo que generó risas y bochorno entre los de verde olivo que pagaron la pifia.Tuvo que acudir la Cruz Roja de Tampico, para con las llamadas “quijadas de la vidas” complementar el rescate que para esos momentos era ya muy penoso.

El saldo dos tripulantes de la avioneta que se desplomó muertos, pero una lección enorme por aprender para los responsables de la seguridad del aeropuerto de Tampico, al evidenciar nula eficiencia en la respuesta en una contingencia con la del martes por la tarde.