El Desafío del Pensar

Gestación subrogada II

La semana pasada comenté algunos problemas en torno a la falta de legislación en materia de gestación subrogada y me referí a la necesidad de otorgarle un marco legal a este procedimiento, por medio del cual una mujer presta o renta su vientre para gestar a un embrión fecundado in vitro perteneciente a otra pareja o persona.

El turismo médico generado en torno a la gestación subrogada se origina cuando personas, en cuyos países no está permitida, viajan a México para rentar vientres de mujeres que padecen penurias económicas: ninguna mujer sin problemas de dinero renta o vende su cuerpo o alguna parte de él. Pero ya sea que se acepte la gestación altruista o que ésta ingrese al mercado de compra-renta, es indudable que las leyes deben ser antidiscriminatorias.

Por ello dichas leyes deben elaborarse desde la perspectiva laica, para todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país. Al legislar sobre cualquier técnica para la reproducción asistida debiera hablarse de individuos y nunca de “parejas” y mucho menos de la concepción católica de la “pareja”. Una mujer tiene todo el derecho de optar por ser madre soltera, y una pareja de hombres o mujeres debieran tener exactamente el mismo derecho que cualquier ciudadano.

Sobra decir que lo anterior escandaliza a la Iglesia católica, pero el verdadero escándalo es que un ciudadano no tenga los mismos derechos que otro por tener diferentes preferencias sexuales o por no tener pareja. Vivimos en un país laico y deberíamos sentirnos orgullosos de ello. Ser laico no implica no tener religión alguna, sino respetar toda creencia en el ámbito individual, pero jamás legislar con base en alguna de ellas. Cualquier dogma es respetable mientras no dañe a nadie, pero al legislar las creencias deben ser dejadas de lado; el avance científico, con una guía ética adecuada, basta para elaborar cualquier legislación.

Gracias a la ciencia hoy contamos con diversas técnicas de reproducción asistida. Lo que urge ahora es legislarlas: desde la fertilización in vitro hasta la donación de células embrionarias o la transferencia de embriones. Solamente así se evitarán las dificultades que por ausencia de leyes claras han comenzado a vivirse en el caso de la gestación subrogada: legislar para todos los individuos de manera laica es la única manera de evitar la discriminación.