El Desafío del Pensar

Muerte digna es voluntaria

Hay ocasiones en que morir no es cosa fácil: la muerte parece olvidar al enfermo comatoso, tetrapléjico o canceroso, cuya vida se prolonga sin sentido. Por si eso fuera poco, la medicina actual puede extender la vida por medio de muchos medios que en ocasiones llegan a menguar la dignidad individual.

La muerte digna es un recurso para esos casos en que un paciente, con dolor o sin él, considera que su vida ya no es vivible. La eutanasia, el suicidio médicamente asistido y la sedación paliativa son tres formas diferentes de muerte digna que, con un marco legal adecuado, son una garantía de la autonomía y libertad individual.

¿Qué es la dignidad: quién fija qué es una muerte digna? La dignidad es un bien, sin duda. Pero como lo supo Aristóteles, cada persona debe fijar su propio bien teniendo como guía la idea de que éste conduce siempre a la excelencia del individuo, a su areté, como la llamaban los griegos.

Lo mismo sucede con la dignidad a la hora de morir: cada individuo debe fijar en una voluntad anticipada lo que considera una muerte digna, porque solamente cada uno sabe lo que le resulta digno o inaceptable.

Es hora de legislar no solo la muerte digna en sus diversas variantes, sino también la voluntad anticipada. Es hora de legislar para facilitar; no para obstruir, legislar para que fluyan las libres decisiones; no para entorpecerlas.

La realidad es que mientras nuestros actos no dañen a nadie, nada debería limitarnos. Con respeto al marco legal y a la vez con autonomía y libertad, en nuestra ciudad cada quien podrá elegir qué es y qué no es una muerte digna, dejarla escrita en su voluntad anticipada y con un poco de suerte, morir en paz.

Habrá mentes retorcidas, con ideas sumamente extrañas, que se escandalizarán; aún hoy existen quienes creen que el dolor es per se algo digno, que incluso el dolor llega a ser premiado en una vida posterior. A ellos, un consejo: respeten y serán respetados.

Si usted no está de acuerdo con la eutanasia, no la pida.

Si no está de acuerdo con el suicidio médicamente asistido, no lo pida.

Si no considera digna la sedación paliativa, no la pida.

Y deje a quienes pensamos diferente vivir y morir en paz.