El Desafío del Pensar

Los animales humanizados

¿Ríen los animales? ¿Se besan? ¿Se enamoran? De todos los pudores que un biólogo puede cobijar, hay en particular uno del que se cuidan especialmente algunos etólogos, estudiosos de la conducta natural y la inteligencia de los animales: suelen temer ser acusados de antropomorfizar su “objeto de estudio”, esto es; de atribuir a un animal actitudes o estados mentales y emocionales propios del ser humano.

Para evitar caer en ese error, de Waal considera que antes de someter a un animal a una prueba psicológica es necesario “conocer su comportamiento típico”. Para lograrlo, dice, se  requiere observar al animal como lo hacía Konrad Lorenz: en su ambiente natural y con una comprensión intuitiva de la totalidad del animal asentada en el amor y el respeto.

Sin embargo, Lorenz a ratos parece retar al lector al hablar, por ejemplo, de dos gansos enamorados. ¿Antropomorfiza Lorenz? De Waal tiene una respuesta clara. En su reciente libro, ¿Tenemos inteligencia suficiente para comprender la inteligencia animal?, considera que el antropomorfismo solo es problemático cuando la comparación se estira demasiado a especies muy distantes al ser humano.

Hay peces que se besan por diferentes razones: pero los primates se besan por razones claramente similares a las nuestras. De igual manera, los chimpancés bebés ríen jadeando al hacerles cosquillas, como los bebés humanos.

Para designar a quienes no son capaces de captar ese tipo de conductas que compartimos con otros animales, de Waal creó un término: antroponegación, esto es, “el rechazo a priori de los rasgos humanoides en otros animales o el rechazo de rasgos animales en nosotros”.

La supuesta antropomorfización de los animales suele conllevar el olvido —pequeño detalle— que somos animales. Y como tales, nuestras características pertenecen al reino animal. Gran parte de las veces no antropomorfizamos, sino que reconocemos que ciertas características no por ser humanos, sino por ser animales.

Comprender más al animal ayuda a comprender más al animal que seguimos siendo, como diría Derridá.

Hoy, ética y bioética requieren el estudio de la biología y en particular, de la etología.