El Desafío del Pensar

La investigación, la ética y los embriones humanos

Nos centramos en discutir algo absurdo: si el producto que puede ser desechado con la menstruación es una persona.

Desde la perspectiva de la filosofía resulta sorprendente la capacidad humana para ahondar en conflictos morales menores y pasar por alto conflictos éticos mayores. Eso ha sucedido en el ámbito de la experimentación con embriones. Desde 1998, cuando dos universidades estadunidenses anunciaron que habían logrado cultivar células troncales humanas, las polémicas éticas y morales se desataron. Pero el conflicto de fondo en torno a este descubrimiento raras veces es mencionado.

Estas células, extraídas del blastocito (que algunos proponen llamar preembrión), tienen la capacidad de transformarse en lo que sea: pueden crear hueso, sangre o tejido especializado, lo que las perfila como la cura de muchas enfermedades hasta ahora incurables, como párkinson, alzhéimer o diabetes.

En 1998 James Thompson, de la Universidad de Wisconsin, obtuvo estas células de embriones sobrantes de clínicas de fertilización in vitro, y al mismo tiempo en la John Hopkings University, John Gearhart las adquirió de tejidos fetales de abortos. De entrada la polémica se centró en el estatus del embrión: que si es una persona, que si no, que si es un ser humano en potencia... el problema fundamental, permítaseme decirlo, no es ese. Pero aun así, tomemos partido.

¿HUMANO EN POTENCIA?

Al cigoto —óvulo fecundado— se le llama "mórula" a partir de que cuenta con más de 12 células; su nombre cambia a "blastocito" cuando se divide en dos capas celulares... todavía no se ha implantado en la madre y algunas veces es expulsado con la menstruación: de eso estamos hablando cuando aceptamos experimentar con embriones.

¿Son seres humanos en potencia? No: no lo son. El filósofo que ha dejado en claro la relación potencia-acto es Aristóteles, quien definió potencia como "el poder que tiene una entidad para pasar a otro estado": cigoto, mórula y blastocito no tienen esa posibilidad, hasta que se implantan en la madre. Entonces la posibilidad de llegar a ese acto la adquiere de la madre, no de sí mismo, de modo que nos hemos centrado en discutir algo absurdo: si el producto que puede ser desechado con la menstruación es una persona.

No lo es, eso resulta evidente... el problema es otro.

VIDA PERFECTIBLE

Por siglos la humanidad ha tratado de mejorar la vida y pareciera innegable que lo ha logrado. Hemos creado medicamentos maravillosos; curamos desde un dolor de cabeza hasta una infección; enfermedades otrora mortales son episodios menores. Vacunas, anestesia, antibióticos y asepsia son logros científicos que resultan incuestionables.

Pero el ser humanos es hybris pura: desmesura constante que requiere andar con pasos cuidadosos: requiere ética. Los logros de la ciencia y la técnica no son para todos por igual; las diferencias sociales son abrumadoras.

Por otro lado la sobretecnificación ha contaminado el aire que respiramos, así como el agua de la que depende la vida, y ha arrasado también con campos y mares. Hemos llegado al absurdo de vacunar a niños famélicos para después dejarlos morir de hambre, de escavar oro y riquezas minerales de la tierra para dejar baldíos devastados, de prolongar la vida a extremos indeseables.

VERDADERO PROBLEMA

La experimentación con preembriones puede ser muy positiva si se conduce con un sentido ético. El blastocito no siente, es un conjunto de células que por tratarse de materia viva merece la misma dignidad que cualquier órgano del cuerpo.

Un corazón es un bien preciado para donar, tanto como lo es un embrión. Los embriones no son "cosas" ni objetos de compraventa con los que podamos hacer lo que nos plazca, son materia viva que al igual que los órganos donados pueden contribuir considerablemente al avance científico, pero requieren una regulación ética y jurídica diferente a la que rige a los seres humanos, similar, quizá, a la que regula a los órganos vivos para trasplantes. Deben manipularse con conciencia.

Dejemos de lado las creencias sin fundamento a aboquémonos a regular ética y jurídicamente la investigación; solo así lograremos que avance en beneficio de todos y no de unos pocos, y tal vez logremos también que sea la misma técnica la que salve a este maravilloso planeta, que es nuestra única casa y requiere más y mejor ciencia con una guía ética.