El Desafío del Pensar

"Bantú", un caso de negligencia médica y de falta de bioética

La realidad es que ni Tanya Müller ni Juan Arturo Rivera ni Adriana Fernández, quien es la que propiamente dirige el zoológico de Chapultepec, se han sabido asumir como servidores públicos.


La muerte del gorila Bantú ha creado conmoción en la Ciudad de México y en el mundo; en redes sociales y en diferentes medios de comunicación, nacionales e internacionales. La noticia se ha dejado escuchar. Y es que no se trata solamente de la muerte de un gorila: el fondo de este descontento tiene una larga historia.

Desde hace años el zoológico de Chapultepec no ha sabido atender las demandas de los ciudadanos que exigen un trato diferente hacia los animales: soy testigo de la indolencia y la prepotencia con que suelen atender estas demandas, si es que acaso se atienden. Basta con recordar la forma en que recibieron la visita la doctora Biruté Gáldikas, experta número uno en el mundo en orangutanes: ni siquiera la dejaban entrar, cuando todo lo que quería era ver en qué condiciones se tenía al orangután.

Contrariamente a lo que muchos medios de comunicación sostuvieron, cuando la doctora Gáldikas logró finalmente ver al orangután Toto, rompió a llorar: "Es la tercera vez que me pasa algo así", me dijo esa noche la ya muy vieja y cansada académica.

DERECHO A LA VIDA DIGNA

Algo diferente comienza a verse y sentirse en la sociedad mexicana. El caso de Lío, el chimpancé que murió recientemente; Jambi, el orangután que murió hace un año, y ahora Bantú, el único gorila del zoológico que presuntamente murió por negligencia médica, nos presenta una sociedad que reacciona de una manera diferente. Y esto tiene que ver con un dato esencial; a más de un siglo de la muerte de Darwin, comenzamos a comprender que los primates son los animales más cercanos a nosotros, los seres humanos, y que todo animal tiene derecho a una vida digna: el saber propio de la bioética comienza a difundirse cada vez más.

El ser humano comienza a despertar de un largo sueño y reconoce ya su semejanza con el resto del reino animal y en particular con los primates: las autoridades de los zoológicos no han sabido comprender esto.

Recuerdo una de las veces que hablé en la UNAM con Juan Arturo Rivera Rebolledo, director de Vida Silvestre capitalino, actualmente suspendido. Traté de hacerle ver la lamentable situación en que se encontraban los entonces dos orangutanes, pues junto con Proyecto Gran Simio intentaba llevarlos a un santuario para vivir decentemente. Me respondió como si hablara de algo que no requiriera duda alguna: "Pero ¿tristes? ¡Si están bien! Ya me dijo Tanya Müller: ¡ya suéltaselos... pero si están bien...".

De ser esto verdad, Tanya Müller García debería hacer algo más que simplemente separar "temporalmente" de su cargo a un servidor público.

SON SERVIDORES PÚBLICOS

La realidad es que ni Tanya Müller García ni Rivera Rebolledo ni Adriana Fernández, quien es la que propiamente dirige el zoológico de Chapultepec, se han sabido asumir como servidores públicos.

En particular la actitud de Fernández, bióloga de profesión, es una muestra del tremendo equívoco que conlleva asumirse como director-dictador y no hacerlo como un servidor público. La bióloga debe responder muchas preguntas... entre las cuales:

Primera: ¿por qué está vedado el acceso a la jaula del único orangután que queda vivo? La bióloga se comprometió con la doctora Gáldikas a que en un año el orangután tendría condiciones dignas.

Segunda: ¿se ha hecho algo que podamos constatar? No, por supuesto. Lío, Jambi y Bantú han muerto después de vivir como criminales sin haber cometido delito alguno.

Tercera: ¿pretenden continuar encarcelando primates? Falta que las autoridades se dignen a responder, cosa que no es usual en los zoológicos de nuestro país.

Mientras tanto, otros países comienzan a cerrar muy paulatinamente sus zoológicos para convertirlos en verdaderos lugares de recuperación de fauna autóctona, con bien planeadas visitas para el público. A ver para cuándo reacciona México: ojalá sea antes de la extinción de nuestras propias especies en peligro, entre las cuales se encuentran aves, mamíferos, peces, anfibios y reptiles... Trabajo hay, lo que hace falta son autoridades que quieran llevarlo a cabo con valentía y sin mediocridad.