Palabra de lector

Lamenta la “doble moral” del Gobierno del Distrito Federal

Cuando los ciudadanos del Gobierno del Distrito Federal elegimos un gobernante, lo primero que esperamos es que actúe de forma imparcial, buscando el bienestar de la mayoría y oyendo todas las propuestas y deseos de la sociedad. Sin embargo, eso no es lo que ha pasado durante la administración actual en el gobierno de la capital. Se han mostrado abiertos para con un estrato social (los que más tienen y son minoría) y sordos para con otro (los que menos tienen y son mayoría). Los ejemplos están a la vista de todos: previo al aumento a la tarifa del Metro, el Gobierno del Distrito Federal justificó dicha decisión argumentando haber realizado una encuesta (¡a poco más de 7 mil personas!, cuando a diario viajan cientos de miles en los vagones), la que nadie puede asegurar haber visto; esta medida fue reprobada por los ciudadanos, pero el GDF no cambió de parecer. Poco tiempo después el gobierno impulsó una medida para imponer la prohibición de la circulación de automóviles durante el fin de semana, a pesar de que existió rechazo por parte de la mayoría; el GDF no movió su decisión. Ahora, a propósito de las elecciones del 7 de junio, en la capital se había decidido que hubiera ley seca; sin embargo, ante la presión de restauranteros y hoteleros (unos pocos, pero poderosos) el GDF dobló las manitas y retiró la medida para las empresas de estos rubros. Esa es la doble moral que hay que lamentar en el GDF.

Luis Morales, Distrito Federal

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Asegura que economía no avanza pese a optimismo oficial

Por más que se vaya a matizar las cosas, ayer fue un viernes negro para la economía mexicana. Una suerte de bofetada a cada uno de los integrantes de la administración federal que han salido a defender el crecimiento económico, el despertar, la reactivación o el crecimiento moderado, como se le quiera ver. Ayer el dólar cerró en 16.01 pesos, su mayor descalabro en la historia, y con ello se reitera lo que ya se sabe, pero se calla: la economía mexicana no avanza, no flota, sino que se hunde. Lo peor es que nadie le tira un salvavidas, porque sus capitanes dicen que no hay caos, no hay hundimiento. Según ellos, solo se trata de un avance moderado. ¿Hasta cuándo van a aceptar la realidad económica nuestros funcionarios?

Israel Arriaga, Morelos

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Cuestiona que México sea un país rico y moderno

A los mexicanos se nos ha vendido una mentira que hemos comprado muy barata: se nos ha dicho que somos una nación moderna. Las personas se jactan de conducir bellos autos del año, cambiar cada 365 días sus computadoras, teléfonos y demás dispositivos electrónicos, pero la realidad es que conducen esos autos por calles llenas de delincuencia, baches y constantes construcciones sobre la vía pública. En muchas de las ciudades impera la contaminación, la falta de educación vial; en otras ni siquiera llega el agua, no hay electricidad, las casas son de adobe, etcétera. Sin embargo, seguimos creyendo que somos modernos. Este país es la nación del maquillaje y requiere que se lo quiten para que vea la realidad.

Sara Márquez, Distrito Federal

 

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