Palabra de lector

Impuesto a refrescos, sin ayudar a vencer obesidad

Cuando se lanzó el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios a las bebidas saborizadas, el gobierno federal argumentó que el fin de dicha medida era disminuir el consumo de estos productos en la población mexicana. Prafraseando, dijo que si subía el costo de estos productos, en especial refiriéndose a los refrescos, las personas evitarían gastar tanto dinero en el producto y, por ende, disminuiría el consumo. A esta falacia, los expertos respondieron diciendo que el refresco es un producto elástico, lo que significa que, aunque aumente su precio, los consumidores no dejarán de adquirirlo. No se tomó en cuenta esto y se siguió adelante con el impuesto, argumentando que el fin era la salud de los mexicanos, porque (en esto tiene bastante razón el gobierno) en unos años sería el Estado se vería en duras dificultades para pagar la salud de los gorditos que requerirán atenderse por sobrepeso u obesidad en el sector público. Cabe destacar que México es ejemplo para otros países de Sudamérica en lo que se refiere a la aplicación del impuesto a este tipo de producto.

Sin embargo, a un año de que haya entrado en vigor el impuesto, un estudio de la Universidad Autónoma de Nuevo León derrumba todas las expectativas que se habían puesto en la medida. Según la investigación, el mexicano dejó de consumir, en promedio, 15 mililitros del producto al día. O sea, nada, si se toma en cuenta que el consumo fluctúa entre 350 y 500 mililitros diarios.

Claro que las bebidas saborizadas no son las únicas responsables de que México ocupe las primeras posiciones en sobrepeso y obesidad, pero sí demuestra que la dieta del mexicano tampoco ha variado mucho y que el problema para el país sigue latente. Si no se toman cartas en el asunto, en unos años tendremos un boquete fiscal a causa del dinero necesario para atender este malestar.

Homero Mendizábal, Edomex

 

A diputados no les importa que México se apriete el cinturón

A Pemex, el gobierno le tuvo que pasar la tijera de forma fuerte a causa de que se cayeron los precios del petróleo. El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, dijo que el gobierno federal habría de apretarse el cinturón. Algunos productos se encarecen y, a fin de cuentas, el nimio incremento al salario mínimo no sirvió más que para sentir vergüenza ajena de lo que pasa en México. Pese a este panorama y a que en 2015 la Cámara de Diputados había cancelado los viajes internacionales como medida de austeridad, los legisladores tan solo para participar en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas enviaron a nueve representantes en primera clase, con un costo por boleto de 120 mil pesos. Además de que se les pagaron viáticos por 250 euros diarios, cerca de 9 mil pesos Parece que a alguien se le olvidó avisar en San Lázaro que 2016 está peor que 2015. El problema no es el viaje, sino gastar 9 mil pesos diarios en comida, viajar en primera clase y demás cosas. Los legisladores, unas de las personas que se supone deberían estar mejor informadas de la situación del país, viven en la inconsciencia, o mejor dicho, a pesar de que saben que no es momento de abundancia, se dan vida de faraones..

Silvia Carrizo, Morelos