Palabra de lector

Legalización de mota para uso recreativo, tomadura de pelo

Hace unos días, mientras caminaba por la noche en un parque aledaño a mi casa, un hombre se me acercó y me ofreció mariguana. Desconozco cuántos gramos eran, pero una cantidad superior a los cinco permitidos por la ley, aunque ni de cerca llegaba a los 28 gramos que el presidente de la República propone legalizar.

La anécdota me puso a pensar: ese vendedor, bajo la ley actual, es un narcotraficante y no cambia si vende uno, cinco o 29 gramos (la venta y la producción de droga es delito). Por otro lado, el que le llegue a comprar al vendedor pasa a ser un delincuente al momento de comprar más de los cinco gramos permitidos por la ley.

De aprobarse la iniciativa presidencial, que propone incrementar el porcentaje de posesión legal de cinco gramos a 28, el comprador del ejemplo de arriba dejaría de ser un delincuente, pero si se le ocurre adquirir 29 gramos (solo uno más) se convertiría de nuevo en delincuente. En caso de que se apruebe la ley, suponiendo que el comprador quiere buscar sus 28 gramos, tiene que salir a buscar un vendedor que seguirá siendo un delincuente.

La legalización de portación de 28 gramos de mariguana para uso recreativo suena a tomadura de pelo, porque (supongamos que el gobierno logra desaparecer a todo vendedor y productor ilegal) al no ser legal no podría conseguir ni uno ni cinco ni 28, eso quiere decir que carecería de liberta de elegir si quiero consumirla. ¿Cuál es el cambio estructural?

Gilberto Carmona, Edomex

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Violencia sexual, entre la delgada línea de la subjetividad

La polémica sobre la violencia sexual a las mujeres ha escalado hasta el umbral de la subjetividad. Nadie niega que la mujer, a lo largo de la historia, ha sido víctima de actos de dominación y humillación por parte del sexo opuesto. Sin embargo, también a través del tiempo, ha sido un ser sagrado al que el hombre ha venerado (el arte lo prueba).

El problema radica en que la mujer, tras haber sido víctima a lo largo de los años y con el estandarte de la emancipación, se ha vacunado contra la convivencia con el sexo opuesto. Bajo esa histeria colectiva, un hombre desconocido se convierte en un potencial peligro. La mujer de hoy está siempre alerta y a la defensiva de las acciones del sexo opuesto, lo que la lleva a reaccionar con desconfianza contra cualquier acto de un hombre desconocido. Nadie niega que un mano larga, alguien que se masturba mientras mira a las mujeres en el transporte público o les alza la ropa en la calle las esté violentando, ¿pero qué pasa cuando se trata de una palabra o una mirada? ¿Cómo definir si un estás muy guapa es agresión? ¿Cómo definir que una mirada es violenta?

Alguien en redes sociales hizo una pregunta similar y lo que las mujeres respondieron fue que todo dependía de cómo sentían ellas la mirada o el comentario. La polémica seguirá en tanto no podamos concretizar las preguntas planteadas.

Luis Mandela, Ciudad de México

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