Palabra de lector

Mexicanos leen poco porque no les enseñaron a leer bien

El Módulo de Lectura del Inegi levantó una encuesta sobre la relación de los mexicanos con el libro. Los resultados revelan que el promedio de lectura del último año fue de 3.8 libros. El dato aplica para la población adulta. Este promedio está muy por debajo del de otras naciones americanas, tales como Chile, Argentina, Colombia o Brasil. La principal razón por la que se lee un libro es por entretenimiento, según los encuestados.

Los resultados de la encuesta dicen mucho. Siendo concretos, afirman que a los mexicanos no les gusta leer (al igual que a la mayoría de latinos). Con los resultados que dijeron, el mexicano tarda cerca de tres meses en acabar un libro. Parece que lo hace por obligación o por la vergüenza de no decir que no lee.

Lo principal es que las personas ven en la lectura científica o filosófica o de historia la obligación de fortalecer la profesión en la que se desempeña, y en la ficción encuentran un método evasivo de entretenimiento.

En la educación básica se nos pone a leer literatura, pero la experiencia es tortuosa. Pocas veces se terminan los libros.

Los profesores solo ponen a los alumnos a seguir la lectura con los ojos mientras otro lee en voz alta. No explican qué se debe buscar en la lectura, en especial en la literatura (que permite a las personas conocer las experiencias humanas de otra época, de otro lugar, además de las propias de su lugar y época. Este proceso se logra gracias a las células espejos, ubicadas en el cerebro). Esto es fundamental, porque la literatura es un espejo del comportamiento y los sentimientos humanos. El problema es que a los mexicanos no les enseñan eso, y por ello ven con flojera y disgusto la lectura.

Los mexicanos leen poco, porque no les enseñaron bien. Si se quiere cambiar las cifras anuales de lectura, el cambio está en el aula.

Guido Parrales, Ciudad de México

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Delincuencia aprovecha la carencia de las personas

Acapulco es la ciudad más peligrosa de México y la cuarta a escala mundial. Se ubica en Guerrero, uno de los estados más pobres y atrasados del país. En Acapulco asesinaron a balazos a Sergio Rosas González, sobrino del ex alcalde Alberto López Rosas, quien un día antes del crimen había sido nombrado coordinador de asesores del presidente municipal de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre.

El autor material del asesinato fue Juan Daniel Ojeda Coyotzin; lo confesó a un día de haber cometido el delito. En su declaración ministerial dijo que le pagaron 3 mil pesos por el asesinato. Quienes le ordenaron la muerte pasaron por él en una camioneta a un negocio abandonado de la costera. Le dieron el arma, le informaron cómo se vestía la víctima y le dijeron que le pagarían 3 mil pesos.

¿Para qué alcanzan 3 mil pesos en la actualidad? Para nada.

Sin embargo hay personas que están dispuestas a matar por esa cantidad. Con tales precios, el crimen organizado estará encantado de pagar 3 mil pesos por cada persona a la que le quiera quitar la vida. La miseria de muchas zonas del país es ingrediente fundamental para que las personas digan sí al crimen.

Duilio Pérez, Morelos

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