Palabra de lector

Reprueba la explotación de niños jornaleros en Coahuila

Por más que se busque dar una imagen de desarrollo del país, aún hay lugares que pertenecen no al tercero, sino al cuarto mundo (eso significa que está peor que en algunos lugares de África), como en Chimalhuacán. Pese a que se nos diga que somos un país lleno de civilidad, hay puntos donde el esclavismo, por más moderno que se le quiera hacer ver, aún prevalece con impunidad. Basta con recordar la explotación ejercida sobre los jornaleros de San Quintín, quienes trabajaban por largas jornadas laborales a cambio de sueldos irrisorios. Por si esto fuera poco, en Coahuila se rescataron 61 niños jornaleros, que trabajaban en dos ranchos de Ramos Arizpe de 8:00 a 17:00 y ganaban 100 pesos diarios. Estos son casos muy graves y reprobables, y no es posible que un país que se jacta de ir avanzando a la modernidad no tome cartas en el asunto. Lo de Ramos Arizpe es un caso, pero dudo que sea aislado. Habría que escarbar un poco más para dar con otros.

Adelina Vélez, Edomex

 

La apología del crimen, en todo el mundo, dice

En Italia, con el mayor desparpajo posible, una familia sepultó a Vittorio Casaminuca, un conocido mafioso, cuyo féretro fue llevado mientras se escuchaba la canción de El Padrino. El hecho llamó la atención y molestó a algunos sectores de la sociedad, más porque hubo cientos de asistentes despidiendo con honores y lisonjas como “conquistaste Roma, ahora conquistarás el paraíso”. El caso suena parecido a fenómenos sucedidos en México, como cuando capturaron a El Chapo y en Sinaloa hubo manifestaciones para que se le dejara en libertad. En pocas palabras, la apología del crimen no es única en nuestro país, es un fenómeno mundial. Lo que llama más la atención es por qué en estos lugares hay grupos de personas que han dejado de lado su confianza en el gobierno y lo han cedido a un criminal.

León Pérez, Distrito Federal

 

Tsipras, un espectáculo lamentable durante su gobierno, afirma

Alexis Tsipras, premier griego, anunció su dimisión y que llamará a elecciones el próximo 20 de septiembre. El paso de Tsipras por el gobierno fue, como diríamos en México, una llamarada de petate. El premier, quien llegó al poder bajo la coalición de Syriza, prometió durante su campaña que no permitiría que Grecia cediera a los acuerdos leoninos impuestos por la Unión Europea, especialmente Alemania y Francia. Sin embargo, después de unos pocos meses de cabildeo y de haber ilusionado los corazones de la población griega, dobló los brazos y dijo que las cosas no eran tan fáciles como lo había dicho durante su campaña. Ahora se va del gobierno, una vez que ha dejado el pastel en manos de Alemania, porque no supo liderar un país que confiaba en él y tras dar un espectáculo lamentable en el gobierno.

Rubén Jaramillo, Distrito Federal