Nada Personal

Del mercado “San Miguel” a la “Acocota”

En ciudades como Madrid, España, el mercado de San Miguel es un centro de reunión donde conviven hombres de negocios, empleados de oficina y turistas que pueden disfrutar de la gastronomía, cava y una amplia oferta de vinos.

Los madrileños, los locatarios y las autoridades municipales de aquella ciudad ibérica se han empeñado en proteger sus edificios y monumentos históricos, así como las tradiciones y la gastronomía.

¿Qué nos impide a los poblanos hacer lo propio con nuestros mercados tradicionales y tan variados en la ciudad capital, de los municipios metropolitanos y de regiones del estado?

El pasado fin se semana, por ejemplo, visité el tradicional mercado de la Acocota, del Barrio de la Luz, con una extraordinaria variedad de productos frescos.

Limpio, con un lleno en la zona de comidas, es uno de los lugares favoritos de las familias del barrio, pero también de los visitantes de otras partes de la ciudad.

Es un mercado colorido donde acuden las familias a comprar productos frescos, con un movimiento de oferentes y consumidores, que le dan vida a uno de los lugares más tradicionales de la capital del estado, un sitio atractivo para "memelear".

En la víspera había recorrido la 8 Poniente, con una intensa actividad comercial de temporada y emerge entre los diversos comercios con diferentes giros, el edificio monumental porfirista que albergó al mercado "La Victoria" (en honor a Guadalupe Victoria).

El edificio que tuvo su máximo esplendor a finales del siglo XIX, inaugurado oficialmente el 5 de mayo de 1913, fue abandonado luego de la "reubicación" de los comerciantes. Ahora funciona como sede de una tienda departamental y de otros negocios.

Rescatado por la Fundación Amparo, bien podría ser un atractivo turístico gastronómico, sumado al valor histórico y arquitectónico del inmueble, superior a los que pueden presumir los madrileños con el mercado San Miguel.

O qué ¿Seguimos con fracasos gubernamentales como el mercado de "sabores" (sic)? El gobierno estatal y los ayuntamientos deberían reivindicar y dignificar nuestros mercados.

pablo.ruiz@milenio.com