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En 2018: la madre de todas las alianzas

No se lo digan a nadie, pero sectores importantes del Revolucionario Institucional le estarían apostado a una gran alianza con el PAN en las elecciones presidenciales para hacerle frente a dos populistas: Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador.

Falta mucho camino por recorrer en la sucesión presidencial, y en ese lapso se medirán los efectos negativos de la política del virtual mandatario estadounidense, así como la recuperación del PRI posterior al "gasolinazo" y sus consecuencias.

En la foto del día el político tabasqueño es el principal beneficiario de las medidas económicas antipopulares del gobierno y difícilmente en un año el partido en el gobierno podría revertirlo.

Con un entorno de la economía doméstica en retroceso, principalmente con el pronóstico de crecimiento de 1.7%, bajo la presión de las medidas implementadas por el gobierno del vecino país del norte, el perfil del candidato presidencial obedecería a esas circunstancias.

Los principales partidos políticos tendrían que optar por un candidato presidencial político-político o político-financiero.

En Acción Nacional sólo tendrían de una sopa: Rafael Moreno Valle, con la pertinencia de colocar a Ricardo Anaya Cortés en la gubernatura de Querétaro o en el Senado de la República.

La decisión estaría más reñida en el PRI porque tendrían que arriesgarse con dos financieros del gabinete; José Antonio Meade y Luis Videgaray, o un político-político (influyente a ras de piso) como Miguel Ángel Osorio Chong.

De estos últimos casos la balanza la inclinará el grupo en el poder, de acuerdo al futuro inmediato para hacer frente a los nuevos tiempos.

En una gran alianza electoral liderada por el PRI y PAN estaría la decisión entre estos cuatro perfiles más competitivos para cerrarle el paso al populismo, es izquierda y derecha.

Un presidente estadunidense enemigo de México, el acuerdo comercial trilateral en jaque, la repatriación de miles o millones de mexicanos, el peso sometido a las presiones del tipo de cambio, la economía con un bajo crecimiento y la irritación social, obligarían a una sucesión presidencial radicalmente diferente.

Las principales fuerzas políticas del país tendrían razones de sobra para pactar la madre de todas las alianzas en México para favorecer la transición política y la reforma estructural del Estado. Eso dicen.

pablo.ruiz@milenio.com