Nada Personal

La otra izquierda

Fue posterior a la participación de Rubén Sarabia Sánchez “Simitrio” al auditorio de la Facultad de Economía de la UAP cuando se le apercibió del inconveniente del reinicio de su activismo político.

No solo su activo retorno a la ciudad capital inquietó a los encargados de la política interna.

Sarabia se equivocó porque de principio aceptó el puente de oro que le extendió el entonces presidente municipal panista Eduardo Rivera Pérez.

Un emisario de primer nivel del área de la política interna se reunió con el dirigente de la agrupación de vendedores “28 de Octubre” para advertirle de las implicaciones del activismo político, lo que se interpretaría como un reto a la autoridad gubernamental.

Rubén Sarabia hizo caso omiso y volvió a su mismo esquema de la década de los ochenta, del siglo pasado, cuando las condiciones sociales y políticas son diametralmente opuestas en este nuevo siglo.

Un cruce de información de las áreas de inteligencia de seguridad nacional presuntamente puso al dirigente popular bajo los radares de quienes dan seguimiento a los movimientos de activistas políticos que habían dejado la prisión.

Se presume el hallazgo de “actividades” que contravenían las condiciones de la libertad y la autorización para pisar suelo poblano.

La existencia de actividades ilícitas donde estaban involucrados familiares directos apresuró una decisión federal de la recaptura del histórico dirigente popular en el estado.

Algo debería hacer el gobierno del estado para atender este frente porque una decisión federal se podría revertir como una acción local, donde ya se ponen en entredicho el respeto a los derechos humanos.

El resto de la izquierda mexicana, la no electoral ni corrupta, debería ser escuchada y contar con foros de interlocución, porque aunque son “poquitos”, cómo hacen ruido.

pablo.ruiz@milenio.com