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Gobernadores, institución en decadencia

El sindicato de gobernadores se curó en salud frente al desprestigio de los titulares de las respectivas entidades de la República por los escándalos de corrupción.

Los diez compromisos firmados por los mandatarios de los estados agrupados en la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) terminan por ser unos "brochazos" ante la deteriorada imagen de los gobernadores.

Sea cual sea el signo político de los mandatarios, los casos escandalosos de corrupción tienen cuestionados o bajo sospecha a los gobiernos de los estados.

Son varios los casos vergonzosos de ex gobernadores por actos de corrupción: Javier Duarte, de Veracruz; Andrés Granier, de Tabasco; Mario Villanueva y Roberto Borge, de Quintana Roo; Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, de Tamaulipas; y Rodrigo Medina, de Nuevo León. Además Guillermo Padrés, de Sonora; César Duarte, de Chihuahua; Humberto Moreira, de Coahuila; Fausto Vallejo y Jesús Reyna, de Michoacán; Luis Armando Reynoso Femat, de Aguascalientes; y Alonso Reyes, de Zacatecas.

La mayoría de los ex mandatarios, o casi todos, ilustres integrantes del sindicato de gobernadores, es decir, la Conago. Si existe una figura desprestigiada, al igual que los malos policías y los diputados, hoy son los gobernadores de los estados porque su fama trasciende fronteras, o algunos a punto de ser enviados a la justicia estadounidense como el tamaulipeco, Tomás Yarrington.

El evento se realizó en el estado de Morelos, gobernado por el perredista Graco Ramírez, contra quien pesan cientos de denuncias de actos de corrupción a través de su hijastro, con cargo de dirigente estatal del PRD.

Después de tantos escándalos de corrupción y casos vergonzosos como los Duartes y compañía, los gobernadores suscribieron un acuerdo de 10 compromisos elaborados con las recomendaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y la OCDE contra la corrupción.

Seguramente, habrá casos muy muy muy excepcionales de gobernadores honestos, pero como institución, están en franca decadencia y descomposición.

pablo.ruiz@milenio.com