Nada Personal

A 21 años: sin cambio en el PRI ni reforma del poder

En el PRI no existió un antes y un después del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, desde antes y después sigue siendo el mismo partido presidencialista, piramidal, de los poderes fácticos.

A 21 años del crimen ocurrido en la colonia Lomas Taurinas en la ciudad de Tijuana, Baja California, el PRI sigue congelado en esa escena del 23 de marzo de 1994 porque no ha modificado nada, o mejor dicho, es el mismo partido de la inmovilidad social e ideológica.

Las condiciones económicas y sociales en México hacen más vigente el polémico mensaje que pronunció el 6 de marzo el entonces candidato presidencial del PRI Luis Donaldo Colosio en la  capital del país:

- Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

Pero poco o nada ha cambiado desde entonces este partido político, que pese a los yerros, resultó el principal beneficiario de la “docena” trágica con el PAN en la Presidencia de la República.

Se mantiene en el PRI una vieja clase política que se niega a jubilarse, ven en la “innovación y el cambio” un atentado al statu quo, y les cierran la puerta a los jóvenes.

El PRI se mantiene como una cadena de franquicias donde prevalecen los intereses de los negocios a diferente escala, el paraíso del nepotismo, el de los conflictos de interés y el uso del dinero público para hacer de los programas sociales la más sofisticada red de control corporativa.

¿Qué ha cambiado en el PRI desde aquel discurso del 6 de marzo y el asesinato el 23 del mismo mes de 1994? ¿Quién interrumpió el llamado a reformar el PRI y reformar el poder?: 

“Cuando el gobierno ha pretendido concentrar la iniciativa política ha debilitado al PRI. Por eso hoy, ante la contienda política, ante la contienda electoral, el PRI, del gobierno, sólo demanda imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley”.

“Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático”: Colosio.

 

pablo.ruiz@milenio.com