Nada Personal

“El que a dos amos sirve…”

Aquel refrán de “el que a dos amos sirve, con uno queda mal”, se podría aplicar a Juan Manuel Castañeda Rodríguez, secretario de Gobernación Municipal.

Rodeado de unos 15 comensales;  con la entrada y salida de asistentes enchamarrados del restaurante “Pepe” de la 15 Poniente y la 7 Sur, un hombre departía ruidosamente para hacer sentir su presencia.

Eran las primeras semanas de la entrada del gobierno federal y la llegada al estado de los primeros delegados federales.

La persona entonces desconocida en torno al cual se arremolinaban asistentes y meseros era el recién desempacado delegado de Gobernación federal: Juan Manuel Castañeda Rodríguez.

En su presentación oficial con el gobierno del estado se preparó en el Centro Integral de Servicios una recepción apenas comparada con una ceremonia diplomática de presentación de las cartas credenciales.

Fue anunciado en la entidad por operadores del Gobierno de la República como el “coordinador” de los delegados federales en el estado.

Sus homólogos se le cuadraron porque traía la bendición del titular de la Segob, Miguel Ángel Osorio Chong.

Con ese respaldo y confianza los delegados comparecieron como en un acto confesional para soltar toda la información íntima, de las entrañas de cada delegación federal, datos duros y estrategia para equilibrar fuerzas con el gobierno estatal.

Castañeda fue incluso una especie de árbitro en la encomienda de Gobernación federal para sentar a la mesa a los entonces candidatos a la presidencia municipal de Puebla, José Antonio Gali Fayad y Enrique Agüera Ibáñez.

Era el momento más crítico de las campañas electorales, cuando abundaba el lodo y se había tensado la “guerra sucia” por la alcaldía poblana; Castañeda cumplió la encomienda para evitar se desbordarán las pasiones en Puebla.

Fue tan buen operador que con los meses se convirtió en un delegado de confianza del gobierno estatal; sorpresivamente dejó el cargo, con él se llevó las confesiones de sus homólogos, datos y cifras federales que ya no le pertenecían a Gobernación, sino al gobierno estatal.

Esa carta de presentación le facilitó operar para el gobierno local y a los meses convertirse en secretario de Gobernación municipal de la ciudad capital, pero no le duraría el gusto ni tres meses.

pablo.ruiz@milenio.com