Nada Personal

Texmelucan, una alianza fallida

Rafael Núñez Ramírez, como ocurre con otros casos en los municipios del estado, demuestra que los resultados de las coaliciones electorales obedecen a un solo fin: ganar por ganar.

Pero en los resultados de gobierno, es un total fracaso porque los presidentes municipales se convierten en virreyes, que sumado a la cultural caciquil, se transforman en verdaderos alcaldes totalitarios que se olvidan de partidos y principios.

Sin bien el comportamiento de los presidentes municipales no son exclusivos de alcaldes que emergieron de coaliciones electorales, porque los hay igual rojos, azules, amarillos, turquesa, verdes o rojiamarillos, sin embargo en el caso de Texmelucan hoy no hay partido coaligado que asuma la responsabilidad de haber postulado.

San Martín Texmelucan en lo particular arrastra una historia de yerros históricos en las respectivas actuaciones de los presidentes municipales de escándalo, siempre ligado a la corrupción, que involucra a empresarios (solo por mencionar dos casos): Noé Peñaloza y Rafael Núñez Ramírez.

Para desgracia de los habitantes de este municipio, como ocurre en otros tantos más entre los 217, los partidos políticos y los presidentes municipales han convertido las alcaldías en negocios personales y familiares, en perjuicio de los ciudadanos.

Lo que ocurre en San Martín Texmelucan debería preocupar a los grupos de poder en el estado por su actitud permisiva, en la medida que los involucra en la feria de intereses económicos, en los cada vez más escandalosos actos de corrupción por el desvío de recursos de erario.

Núñez Ramírez en lo particular debería preocuparse por aclarar todo este asunto del escándalo "ZN" por las autocompras con recursos del Subsemun para el sistema de seguridad pública, en la medida que se trata de recursos federales, y no le alcanzaría la protección estatal.

Una cadena de mentiras para proteger actos ilícitos en el uso indebido del erario tiene a Núñez y a los partidos políticos coaligados que lo apoyaron en la escena del descrédito, porque hay más.

pablo.ruiz@milenio.com