Nada Personal

Ruptura en el Congreso local

El juego político de ofrecer espacios a las minorías porque “legitiman” ha resultado de alto costo  para las fuerzas políticas que obtuvieron la mayoría en el Congreso local, a través de Puebla Unida.

Detrás de la “bondad” política del PAN y sus partidos aliados para acceder a la pluralidad y concederle la Presidencia de la Junta de Gobierno y Coordinación Política al PRI sólo ha demostrado que tal tesis no fue del todo exitosa, por decirlo suave.

La mayoría de legisladores panistas y sus aliados pretendieron demostrar que no son igual que los priistas cuando éstos eran mayoría en el Congreso y aplastaban a la oposición.

Pero no únicamente accedieron a otorgarle al PRI la Presidencia de la Junta de Gobierno al designar a Víctor Manuel Giorgana Jiménez, lo ocho diputados priistas, frente a los 41 legisladores, ocuparon presidencias y secretarías de comisiones legislativas relevantes.

Fue el propio Jorge Aguilar Chedraui, coordinador de la bancada albiazul, quien subió a tribuna para posicionar la designación de Giorgana, pese a la oposición incluso de un sector de los tricolores.

El acuerdo político partía de un acto de buena fe en el Poder Legislativo y garantizar los espacios de pluralidad y consenso.

La mayoría legislativa fue más allá y le permitió al electo presidente de la Junta de Gobierno por un año designar a los directores, como ocurrió con el director Administrativo y haría lo propio con el de Comunicación Social, lo que ya no ocurrió.

Giorgana Jiménez venía como perdedor de la contienda y se entronaba liderando al Congreso, cargo que le abrió las puertas de Casa Puebla en un trato de pares, pese a no ser todavía elegido por los diputados.

Más duraron las consideraciones y la diplomacia que la ruptura en el Congreso local, de mayoría  albiazul y sus aliados, con el PRI y su coordinador parlamentario.

Posterior a la aparición de Giorgana Jiménez al lado del delegado presidente y diputado Pablo Fernández del Campo para abrir fuego contra el gobierno estatal por las observaciones de la ASF, en el Congreso ya no transita la concertación, pero el daño ya está hecho.

Las minorías legitiman, pero a un muy alto costo político. Entre rudos y técnicos del grupo morenovallista, ¿quién tiene la razón? Los negociadores o conciliadores, no.