Nada Personal

Oliva o Cordero, la disyuntiva

Los desencuentros en el Partido Acción Nacional en la entidad sólo se agravaron y, coincidentemente, se cruzaron con el relevo en el gobierno de la ciudad de Puebla.
Uno de los panistas como cabeza visible de esas contracciones era el expresidente municipal capitalino, Eduardo Rivera Pérez.
En más de una reunión con personajes del priismo local previo a la culminación de su gestión, les confiaba que estaba en urgencia de figurar en el Comité Ejecutivo Nacional de su partido.
El objetivo era buscar un espacio político no únicamente para estar vigente, sino lograr una posición de fuerza para defenderse de la embestida en su contra.
Reiteró Rivera que no temía a un coletazo de quienes llevan en su ADN la intolerancia y persecución política propia de los viejos tiempos del Revolucionario Institucional.
“No tengo nada que temer porque ahí están los resultados en el gobierno de la ciudad”, sin embargo, en las últimas horas de su administración comprobó su tesis.
Presente en la toma de protesta de su sucesor –en la quinta fila–, el panista probó una pequeña dosis del coletazo en el discurso del presidente entrante y con acercamientos de las cámaras de televisión para el escarnio mediático.
Fueron las primeras expresiones de la crisis interna albiazul en el ajuste local de cuentas, pero en la antesala de pugna aún mayor por la presidencia del CEN del PAN.
Establecida la fecha de la emisión de la convocatoria para las elecciones de dirigente nacional, que deberá publicarse el próximo 25 de febrero, con el registro de candidatos del 11 a 17 de marzo, antes del 18 de mayo, fecha de la elección, la confrontación interpanista será brutal.
Sin Josefina Vázquez Mota en la línea de batalla, la opción del panismo tradicional es el guanajuatense Juan Manuel Oliva Ramírez; ir detrás del derrotado Ernesto Cordero Arroyo no va con Ana Teresa Aranda, Francisco Fraile o Eduardo Rivera, sometidos al calderonismo. ¿O sí?