Nada Personal

La “28 de Octubre”, un negocio

La Unión Popular de Vendedores Ambulantes “28 de Octubre” no sólo ha perdido militantes, si no también banderas sociales.

Sumergidos en el anarquismo, los dirigentes están obsesionados por los dividendos que deja el negocio de la economía informal.

Con el síndrome tabasqueño del caudillismo, Rubén Sarabia “Simitrio” se transformó en un “preso político” –antes y ahora- de lujo, amasando fortuna con dinero que no llega a la hacienda municipal.

Hizo de la agrupación de vendedores ambulantes un ejército de evasores fiscales, tolerado año tras año por las autoridades de los tres niveles de gobierno.

Con banderas de ultraizquierda, “Simitrio” siempre se declaró apartidista, pero contra partidos de izquierda, empero mantuvo negociaciones subterráneas con el PRI para favorecerlo en las urnas, a cambio de impunidad.

Con años en prisión, el dirigente y la UPVA se “congelaron” social y políticamente, pero siempre con las alforjas llenas.

El dinero de las cuotas impuestas a sus miles de miembros – el cobro de piso a cambio de protección para invadir la vía pública- que debiendo estar destinadas las contribuciones como el resto de los causantes, terminó invariablemente en las cuentas personales del líder, de su familia y de la cúpula de privilegiados de los “veintiochos”.

Con la bandera de los pobres y las movilizaciones callejeras mantuvo a los sucesivos gobiernos locales a raya, siempre conteniendo un ejército de la economía informal y el subempleo, que lo enriquecía y le daba poder político, a costa de los ingresos tributarios de la hacienda municipal.

Un grupo de académicos de la UAP sirvieron de asesores para reubicar a los comerciantes del Centro Histórico de la entonces periferia de la ciudad (década de los ochenta), pero la UPVA no se modernizó.

Los “simitrios” defienden encarnizadamente la economía informal porque es la llave a la riqueza personal y al poder político. Legalizar la informalidad es para “Simitrio” como darse un balazo en el pie.

La UPVA se quedó, al igual que su dirigente, estancada en el pasado y sus bastiones fueron desvirtuados por las mafias que a nombre de la “revolución popular” maoísta le dieron entrada a todo tipo de piratería, robo de autopartes, mercado negro de armas y al narcomenudeo.

La otrora “combativa” agrupación está reducida a un negocio personal y de grupo, sin proyecto social ni político, atrapada en el pasado, sin rumbo.

pablo.ruiz@milenio.com