Nada Personal

Existen casas hogar dignas

Personas que dedicaron buena parte de su vida al cuidado de niños huérfanos, violentados en sus hogares, expulsados de sus casas, abandonados por su padres y ex delincuentes menores se horrorizaron con la historia de abusos cometidos contra niños en la casa hogar “Domingo Savio”.

Lo más grave, cuando se utilizan símbolos religioso y personas con mente criminal usurpan funciones de sacerdote para lucrar y abusar sexual y físicamente de menores.

Instituciones irresponsables como la Iglesia católica que a través de Cáritas apoyó ese tipo de centros de atención a menores sin verificar que un individuo como Tomás Durán Martínez era un usurpador, delincuentes y depredador sexual.

El arzobispado cometió una omisión gravísima porque no se tomó la molestia de verificar y revisar en qué condiciones funcionaba esa casa hogar.

Lo mismo le ocurrió a directivos de empresas trasnacionales como la alemana Volkswagen, a  instituciones de educación de educación superior como la UAP o gobierno como el municipal de la ciudad capital.

No puede el sistema DIF estatal o municipal, ser indiferente a la existencia de casas hogar o refugios de menores sin que los supervisen cuando su principal función es el cuidado de la niñez.

Refugios o casa hogar por el simple hecho de existir como asociaciones civiles altruistas a favor de los niños no es ninguna garantía de que sean honrados, éticos y honestos.

Cualquier autoridad civil o religiosa debería de desconfiar de ese tipo de asociaciones civiles que surgen sin ninguna trayectoria ni revisan los antecedentes de fundadores, directivos o benefactores, principalmente cuando viven de la dadiva a favor de menores.

Existen instituciones honorables como el Ipoderac fundado por la desaparecida señora Landa, con granjas para producir sus propios alimentos, cuentas con talleres, lo chicos asisten a la escuelas, cuentas con médicos, psicólogos, dietistas, educadoras y tiene manuales y reglamentos estrictos.

No por unos malos curas pederastas se deberá condenar a la Iglesia católica, ni tampoco satanizar a las casa hogar o refugios de menores, pero alguien los tiene que supervisar y certificar para evitar que criminales depredadores sexuales –como los llamó la periodista Sanjuana Martínez- delinquen impunemente.