Nada Personal

Cuba-Estados Unidos, a ritmo de “reggaetón”

Indiferencia o desconocimiento, es lo menos que expresaron los cubanos comunes y corrientes al ser cuestionados de la relevancia en la reanudación de las relaciones diplomáticas de Cuba con Estados Unidos.

Son los jóvenes de la Isla, en La Habana, los menos interesados;  en la transitada calle 23 están más entusiasmados en consumir botellas de ron a “bocajarro” en la vía pública, en medio de la estridencia y la multitud, observados, solo eso, por la Policía local.

La preocupación de los trabajadores caribeños no es la fecha de la apertura de la embajada de la Unión Americana, les preocupa la falta de empresas que den empleo a miles de jóvenes y adultos.

Un mesero de un restaurante del Hotel habanero ni en sueños tendría el privilegio de viajar con su familia a un sitio turístico en su país, mucho menos, imposible, al extranjero.

Los taxistas, que en Cuba y en las ciudades del mundo son el primer contacto de cualquier visitante extranjero –más si el viajero es reportero- se convierten en fuentes inagotables de información.

A bordo de su taxi color negro, un Audi modelo atrasado, el cubano no dejaba de hablar para exponer con desesperación los estragos del boicot económico estadounidense, no paraba de hablar, el tiempo no le alcanzaba para repasar las dificultades económicas de los isleños.

Estacionado a la entrada de acceso a la plancha de la plaza principal del Museo de la Revolución, el trabajador del volante añoraba más los años de vacas gordas con los soviéticos que la esperanza con  la reanudación de las relaciones diplomáticas con el “tío Sam”.

La presencia soviética era un verdadero motor de la economía cubana, pero después de 1994 con la caída del bloqueo socialista empezó la verdadera debacle económica de las familias cubanas, insistía.

Era tan influyente la presencia de la URSS en la Isla que el “ruso” era el segundo idioma en las escuelas del país caribeño, hoy el segundo idioma obligatorio a los “pioneros” y en las universidades es el “inglés”.

Empleo, industrias, salarios suficientes y bienestar, insistieron uno y otro de los cubanos cuestionados que, aseguran, no comen ni viven mejor si Cuba se alza con la victoria en el combate contra el virus del ébola en África.

Ser miembro del Partido Comunista Cubano ya no es una aspiración ni les interesa la escuela “superior de cuadros”, y de plano -de no ser por los universitarios chilenos y mexicanos-  la música de Silvio Rodríguez en los autos isleños es un somnífero, a diferencia del “reggaetón”.

pablo.ruiz@milenio.com