Nada Personal

Cuauhtémoc Gutiérrez e Israel Pacheco, paralelismo en el PRI

En el desprestigio de militantes del PRI radica el paralelismo entre los escándalos del diputado "basuritas" Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, en la Ciudad de México, e Israel Pacheco Velázquez, el detenido dirigente vitalicio del Sindicato de Trabajadores del ayuntamiento de Puebla.
Ambos, unas verdaderas "fichitas" inventadas por el Partido Revolucionario Institucional que tienen en el desprestigio hoy a este instituto político.
Hay paralelismo estos dos personajes porque repiten las mismas prácticas perversas en el ejercicio del poder: corrupción, acoso y favores sexuales, golpeadores, enriquecimiento ilícito, impunidad y mal trato a sus afiliados.
Cuauhtémoc Gutiérrez, heredero del impero de la basura creado por su padre, el extinto líder de los pepenadores en la capital de país y exdirigente del PRI en el Distrito Federal.
Israel Velázquez, heredero de las canonjías del marinismo, la caja chica y bolsa electoral del PRI en la capital, cómplice de los alcaldes priistas y panistas, propietarios de fortunas y lavador de dinero ilícito y dirigente sindical vitalicio.
Al igual que el diputado "basuritas" del DF, Pacheco Velázquez acostumbraba a acosar sexualmente a las trabajadoras, incluida una de sus sobrinas, según lo denuncia la familia afectada.
A diferencia del presidente del CEN del PRI, César Camacho Quiroz, quien de inmediato intervino para separar a Cuauhtémoc Gutiérrez de la dirigencia del PRI en el DF, e iniciar un proceso interno para su expulsión, en Puebla los dirigentes priistas y exediles tricolores, hacen mutis.
Ante la evidencia de actos de corrupción sindical, sobre sueldos indebidos, prestanombres para comprar propiedades y acciones en empresas, viajes de placer a Europa de esposa e hijas, prebendas a los hermanos y denuncias de todo tipo de abuso, la postura del PRI local es más que ambigua.
Los exediles Mario Marín Torres, Enrique Doger Guerrero, Blanca Alcalá Ruiz y el excandidato a la alcaldía, Enrique Agüera Ibáñez, han optado por el silencio.
El desprestigio de Pacheco no es una buena compañía para las aspiraciones políticas de los exediles, y priistas como la senadora Blanca Alcalá deberían deslindarse porque ya se había sentado a establecer alianzas con el secretario general vitalicio.
Pero el silencio cómplice de los exalcaldes panistas Luis Paredes Moctezuma y Eduardo Rivera Pérez hace más evidente la comparsa en prácticas de corrupción para beneficiar al clan de los hermanos Pacheco.