Nada Personal

Coyotl, el tlatoani cholulteca

Andrés Coyotl, el presidente municipal de San Andrés Cholula, es para los poblanos el mejor ejemplo del alcalde de república bananera, como otros en el estado.

Convertido en tlatoani, los cholultecas lo padecen y no hay poder político ni público que lo frene; este joven alcalde ha perdido la cabeza.

En completo sigilo (como ingresan los intrusos a las casas con antifaz), la noche del lunes Andrés Coyotl mandó llamar a dos de los más cercanos colaboradores en el gabinete que heredó de Miguel Ángel Huepa.
El motivo de la reunión convocada de última hora tuvo como propósito anunciarles -por separado- que a partir de ese momento ya no formaban parte del ayuntamiento porque entorpecía sus proyectos “de gobierno”.

En el pasado, el hoy edil cholulteca había reafirmado su total amistad y hermandad a quienes arribaron a su oficina, pasadas las 10 de la noche del martes.

Los funcionarios que se quedaron sin empleo, coincidentemente, son el tesorero Luis Juan Hermida Uscanga, y el director de Obra Pública, Marco Polo Hernández.

La tarde del martes había cortado la tercera cabeza de la gente ligada Huepa: decidió remover al titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Gabriel Bonilla.

Se trata ni más ni menos de quienes mueven los recursos y proyectos que generan ingresos “especiales” al ayuntamiento de San Andrés.
Después de haber sido despedidos, subieron a sus oficinas para recoger sus pertenencias, pero no contaban con que policías del municipio resguardaban sus despachos.

Se dice en los pasillos que a cuatro meses de que termine la administración, se busca llenar las arcas personales de los funcionarios cometiendo actos de autoridad de los que ni sus regidores están enterados, porque la indicación del edil es el completo hermetismo.

Este miércoles, el presidente municipal bananero recibió una llamada telefónica para obligarlo a cancelar un costoso viaje a Uruguay en compañía de sus más cercanos colaboradores, viaje que sólo él sabe la agenda y los objetivos.

Mientras persiste el despilfarro y despido de personal de confianza y funcionarios de primer nivel, empresas proveedoras siguen a la espera del cumplimiento de contratos en la prestación de bienes y servicios.