Nada Personal

Cambiar de dueño

Fue muy comentada la anécdota divulgada en torno al inicio del rectorado de Enrique Agüera Ibáñez en la Universidad Autónoma de Puebla, cuando no era bien visto por el grupo del entonces gobernador Mario Marín Torres.
El entonces exrector y presidente municipal electo de la ciudad capital, Enrique Doger Guerrero, le sugirió a Agüera Ibáñez acercarse al gobernador y al primer círculo marinista, porque no era bien visto.
Heredero de la rectoría por su amigo acató sin miramiento la recomendación, y así empezó la integración orgánica de Agüera con el marinismo y hasta con compadrazgo terminaron, haciendo de la Universidad una extensión de la administración estatal.
Eran unos 70 funcionarios universitarios los “tiradores” o aspirantes a suceder a Doger Guerrero en la rectoría, a cada uno de ellos se les dio una salida decorosa para allanar el camino al otro Enrique, finalmente ungido al interinato con boleto a la elección y reelección.
Uno de los colaboradores del entonces rector Doger Guerrero le cuestionó por qué se había decidido por Agüera; la respuesta fue lacónica, pero tajante: “porque es el más pen...tonto”.  
Tendría el entonces alcalde capitalino un rector manejable e incondicional.
Pero no ocurrió así, posterior al acercamiento con el marinismo, el encono de Marín contra Doger se extendió a la rectoría y empezó la limpia del dogerismo al estilo de los balcanes.
La UAP había cambiado de dueño, como en un ciclo repetitivo, antidiálectico; se recicla como metáfora: “Agüera te sugerí acercarte con Marín, no que te entregaras”, retumba la sentencia dogerista en la línea sucesoria.