Nada Personal

Alfonso Esparza, el rector académico

Fue Alfonso Esparza Ortiz, el rector de la UAP, quien le cambió el rumbo y la inercia a los rectorados de las últimas tres décadas.

La UAP pasó del periodo del control de la universidad pública por un partido monolítico con como lo fuel el Partido Comunista Mexicano, al retorno del Partido Revolucionario Institucional con José Doger Corte, Enrique Doger Guerrero y Enrique Agüera Ibáñez.

En los tres últimos periodos la UAP se transformó en una dependencia más del gobierno del estado, donde priistas ex funcionarios estatales se convirtieron en “asesores” y funcionarios, utilizando a la Universidad como la caja chica del priismo y la bolsa electoral en elecciones.

La labor académica de las tres últimas administraciones que le precedieron a la actual se limitaron a cumplir a cabalidad las políticas de reducción de la matrícula y reorientación curricular en las preparatorias, licenciaturas y posgrados dictados desde la SEP federal, a cambio de falso puntajes canjeables por recursos financieros, haciendo más laxa la evaluación.

La autogestión académica se extravió en una burocracia dorada colmada de privilegios, los espacios universitarios y recursos se desviaron a la promoción del culto personal; se fomentó la distribución del poder a directores de escuelas y facultades con privilegios económicos y de gestiones vitalicias.

Desmontaron así el carácter autónomo de autogestión académica, se concesionó a grupos en las Unidades el ingreso, promoción y permanencia de docentes e investigadores, mutilando la bilateralidad contractual para hacer bolsas de trabajo de incondicionales de directores y funcionarios, en detrimento del rigor académico y calidad de los servicios.

Las publicaciones impresas del jet set poblano sustituyeron en las oficinas centrales de las UAP las revistas de ciencia y tecnología.

La superficialidad y el oropel en los actos oficiales para la clase política local y la jerarquía católica terminaron por minar el carácter académico en la imagen de la Universidad, para convertirla en un trampolín político partidista: José Doger, Enrique Doger y Enrique Agüera, las muestras.

Es Esparza Ortiz quien dio un golpe de timón para redireccionar a la UAP para recuperar su peso académico e influencia en los sectores de la sociedad; los nuevos espacios físicos se definen con criterios académicos, no políticos como en el pasado en la construcción de nuevos campus, por ejemplo.

pablo.ruiz@milenio.com