Retracciones

“Must carry, must offer”

Las televisoras de señal restringida están obligadas a retransmitir las emisiones de las televisoras de señal abierta. A su vez, éstas deben proporcionar a las primeras dicha señal. En ambos procedimientos no puede haber pago alguno ni las televisoras de cable o satélite pueden cobrar a sus suscriptores las señales de la televisión abierta. Televisa, sin embargo, reclama el cobro por los derechos de autor de los artistas que intervienen en su programación, pero esos derechos ya están cubiertos por Televisa.

Como la retransmisión es un acto simultáneo a la emisión, no se trata de un uso diverso de las señales abiertas. Según la nueva legislación, emitir implica retransmitir en forma completa, sin cortes y al mismo tiempo (comerciales incluidos). Este es un mandato de ley. Dicha retransmisión es gratuita para la televisión restringida y para los abonados. Así, los derechos de autor se encuentran plenamente cubiertos, pues la emisión y la retransmisión forman parte del mismo acto legal, no son elementos separados ni en el tiempo ni en el contenido. En conclusión, Televisa no puede cobrar derechos que ya están pagados —se supone— por ella misma, pues no se trata de una venta de tales derechos para usos comerciales diversos, sino de una obligación legal de entregar su señal a las televisoras de señal restringida. Pero, ¿por qué?

Las señales emitidas por la televisión abierta son del público cuando están en el aire, pero Televisa las ha tenido acaparadas para beneficiar a Cablevisión y Sky, que son de su propiedad. Para terminar con esta situación en la que el monopolista de la televisión se cierra con propósitos claramente monopólicos, el Congreso creó la obligación de entregar las señales desde la televisión abierta y la de retransmitirlas a través de la restringida: must carry, must offer. Todo gratuitamente. Hay cosas que pueden estar fuera del mercado en ciertas circunstancias, pero esto no termina por entenderse. La televisión es una concesión que otorga el Estado bajo ciertas reglas. Los negociantes son concesionarios, no producen y venden salchichas sino usan un bien de dominio público, algo que es de la propiedad de todos, de la nación entera.

La objeción de Televisa que se cuelga del derecho de autor no va a funcionar, pero las cosas no son, sin embargo, tan sencillas. La gratuidad de la señal de televisión abierta no existe legalmente para un operador que fuera dominante en el mercado o cuando éste se encontrara en condiciones de competencia real. En este contexto, Tv Azteca acusa a Dish de ser parte de América Móvil, propietaria de Telmex, la cual domina en telefonía fija e internet, así como en celulares a través de Telcel. El indicio es que Telmex cobra mediante sus recibos telefónicos las facturas de Dish (casi el único competidor de Cablevisión y Sky, propiedad de Televisa ahora asociada a su rival Tv Azteca) a pesar de que su título de concesión no le autoriza prestar servicios de cobranza por cuenta de terceros. Este asunto debe litigarse en el Ifetel, ya que ese instituto es la autoridad en materia de telecomunicaciones y sus facultades abarcan la competencia económica en esta materia.

Lo que tenemos son disputas entre operadores monopólicos que tienen ya varios años: antes fueron amigos y socios. La reforma de telecomunicaciones busca establecer una autoridad imparcial para tales pleitos pero, sobre todo, abrir el mercado a otros participantes en un país ahogado por la monopolización. Este es el reto del Congreso.

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