Retracciones

Cauda de violencia y corrupción

El Chapo Guzmán es presentado como uno de los causantes de una gran cauda de violencia y corrupción. Sin embargo, no ha sido ese capo el promotor original de tantos asesinatos, secuestros, robos, extorsiones, mordidas y demás delitos que vienen en la cauda de la prohibición del narcotráfico y que han causado mayores daños que las drogas no permitidas.

Hay aquí un error criminológico. La producción y comercio de drogas se corresponden con una demanda del todo ajena al terreno delictivo. Mas al hacer del narcotráfico un delito, se involucra a millones de personas directa o indirectamente en actos ilegales y se añade una lacra: la corrupción. ¿Quién es la víctima de la producción y el comercio de enervantes? Se dice que la sociedad por prescripción médica, pero en realidad esta respuesta se ha promovido para que el Estado se ahorre tener que realizar un auténtico control sobre esas actividades, porque de lo que se trata es de que no se vean aunque persistan. El Chapo es un verdadero delincuente por los asesinatos, lesiones, robos, extorsiones y secuestros que ha cometido, pero gran parte de la sociedad no considera al narcotráfico como una conducta antijurídica. Todos aquellos delitos se han derivado de otro que no lo debería ser dentro de una juridicidad estricta. No hace tanto tiempo que Gran Bretaña le hizo la guerra a China para obligar a este país a comprar el opio que los colonialistas producían en India. Ahora estamos al revés: los gobiernos le hacen la guerra a los comerciantes de drogas para mejorar la estética de sus sociedades y evitar tener que asumir funciones de regulador y ordenador de mercado.

Vivimos una anomalía impuesta al capitalismo por parte de muchos gobiernos y de sectores sociales influyentes en el poder público. El sistema económico capitalista no admite la imposición de prohibiciones mercantiles más allá de simples regulaciones contra prácticas monopólicas y otras normas que tienden a organizar ofertas y demandas. El uso de la ley penal para prohibir de plano actividades que por su naturaleza corresponden a la anarquía del capitalismo, con la cual opera todo el sistema, no logra el objetivo prohibicionista sino que promueve una cauda de violencia y corrupción. El capitalismo es el sistema que más hace depender todas las relaciones sociales de la economía y es el más anárquico de la historia. Quizá por ello podría llegar a ser el de menor duración.

El Chapo ha caído, pero no bajará el trasiego de cocaína hacia Estados Unidos. Sí, ha sido un golpe contra una trasnacional (como las hay varias), pero la prohibición seguirá y, con ella, la cauda de violencia y corrupción.

El Chapo cayó porque la DEA le dijo al gobierno mexicano dónde se encontraba. Dígase lo que se diga, el jefe narco fue detenido gracias al espionaje de la DEA en México, pero Peña lo considera un triunfo de las instituciones mexicanas, aunque todo mundo sabe que los infantes de Marina sólo fueron a atrapar al sujeto geolocalizado por una institución estadunidense, bastante tarda, por lo demás, pues pasaron 13 años para dar con el paradero del reo fugado en las narices de Fox y Creel. En realidad, la fuga y los muchos años de evasión son un fracaso, pero la captura ha sido utilizada para la manipulación política.

Otros muchos capos también caerán, con la DEA o sin ella, algún día. Sin embargo, eso no será solución. El comercio ilícito de drogas continuará, se regenerará cuantas veces sea necesario, y una parte de la sociedad seguirá sufriendo la cauda de violencia y corrupción que genera el acto de Estado que ubica a ese comercio y al uso personal de drogas sobre el terreno del crimen.

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