Reporte de inteligencia

Los zombies toman la ciudad

Los zombies avanzan.

En el mercado de La Soledad, la calle que era para la venta de artículos del Día de Muertos, ahora ya es la calle para el Halloween.

Chucky. Freddy Kruger. Hannibal. Scream. La Momia. Merlina. Drácula.

Esos son los disfraces que más buscan los niños con la ilusión de asustar a sus vecinos y pedir dulces. Ahí venden disfraces de toda clase de muertos vivientes: piratas, vampiros, hombres lobo, el catrín, la bruja, Frankenstein.

La tradición de disfrazarse y salir a las calles de León y Guanajuato ha crecido en los últimos años y ya casi no lo cuestionamos. En Gran Jardín se hace casi una fiesta con tantos niños en las calles. En varios fraccionamientos es todo un acontecimiento. Nuestros hijos se disfrazan de zombies y participan en caminatas, festivales y fiestas de la noche de brujas, con más entusiasmo que montar un altar de muertos. Por fortuna, todavía permanece la tradición de poner altares de muertos y visitar las tumbas de los difuntos el 1 y 2 de noviembre.

Pero la tendencia es: zombies a la alza, calaveras a la baja.

Cada año ahora se organiza un desfile de muertos vivientes en el centro de León –con mucho éxito por cierto-, ya hay una carrera atlética de zombies y crecen los negocios que ofrecen experiencias con muertos vivientes, como el Sanatorium, un sitio diseñado con monstruos para asustar a los visitantes. Ayer incluso se organizó en León un evento con perros disfrazados de muertos y vampiros.

El hecho de disfrazarse tiene encanto.

Y eso es justo la fuerza que mueve al Halloween y que ha conseguido meterse en nuestra cultura. Lo único que nos queda tal vez es adaptarnos y por eso seguramente ahora también es una tradición disfrazarse de calavera o Catrina, tipo José Guadalupe Posadas. Cada vez hay más festivales y desfiles de Catrinas, con espléndidos vestuarios y maquillajes hermosos y artísticos.

Los zombies están ganando la guerra. Y ya no se trata de ver si aceptamos o no la tradición de Halloween, sino de convivir con ella. No nos queda de otra que vivir las dos tradiciones. Vestirse de Chucky, pero hacer un altar de muertos. Asistir a una fiesta de monstruos, pero comprar alfeñiques. Pedir Halloween en las calles, pero llevar flores de cempasúchil a nuestros difuntos en los panteones.

 

Twitter: @pccarrillo

pablo.carrillo@milenio.com