Reporte de inteligencia

El único independiente era Kumamoto

El candidato independiente ganador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, El Bronco, estuvo más de 20 años en el PRI. Actúa como priista, piensa como priista. El candidato independiente ganador en Morelia, Alfonso Martínez Alcázar, renunció al PAN porque no le dieron la candidatura. Opera como panista y actúa como panista.

Los candidatos independientes que ganaron el 7 de junio, no son ciudadanos auténticos, hartos de los partidos políticos. Más bien son políticos puros que fueron descartados en sus partidos y tuvieron que buscar una opción distinta para cumplir con sus obsesiones políticas.

En Sinaloa, Manuel Clouthier Jr. –relegado en el Partido Acción Nacional-, también ganó una diputación por la vía independiente. Clouhthier tiene un apellido histórico en el PAN y es azul desde su infancia.

En Guanajuato, el ganador en Comonfort, Alberto Méndez, también es un panista enojado y no un ciudadano. Ya había sido alcalde por el PAN y se fue de independiente para seguir en la jugada.

Entonces los independientes ganadores no son auténticos. No son personas ajenas a la política interesadas por el país.

Se disfrazaron de ciudadanos para conseguir los votos.

Se hicieron pasar por buenos ciudadanos, interesados en el bien del pueblo, y les salió la jugada. Ellos engañaron al pueblo.

Habría que poner filtros para los candidatos ciudadanos en las próximas elecciones, de lo contrario, todos van a renunciar a sus partidos quemados y desprestigiados para lanzarse por una candidatura independiente. Y lo peor: los mismos partidos políticos tendrán la tentación de mandar a dos candidatos a las urnas: uno por el PRI o por el PAN, y el otro con una candidatura ciudadana. A ver si pega uno de los dos.

Hay que afinar el nuevo esquema de candidatos independientes. Los triunfos representan una gran esperanza para el país, pero ojalá que los mismos políticos no vayan a echar a perder el gran avance democrático que esto implica.

De entrada, los candidatos independientes deben ser ciudadanos legítimos que nunca hayan estado en partidos políticos o que nunca hayan ocupado cargos de elección popular por los partidos tradicionales (eso disminuirá la posibilidad de lanzar a los corruptos y tramposos de siempre). Habría que revisarlo. No es tan sencillo. A lo mejor se podrían descartar a quienes hayan participado en procesos internos de los partidos políticos en esas mismas elecciones. El punto es buscar algunos candados para evitar que se filtren los corruptos.

En realidad el único ciudadano independiente, sin antecedentes de partidos, que sí ganó una elección sin dinero y sin amarres oscuros, fue el joven Pedro Kumamoto de Guadalajara, Jalisco. Ese muchacho sí hizo algo histórico, digno de ser tomado como un ejemplo de democracia en México.

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pablo.carrillo@milenio.com