Reporte de inteligencia

De tránsfugas y chaqueteros

De los siete candidatos para la Alcaldía de León, cinco vienen de otro partido político. La palabra correcta para definirlos es: tránsfugas. Pero el pueblo los llama chapulines o trapecistas. Y los mismos políticos los definen con un adjetivo despreciativo y burlesco: chaqueteros.

Los candidatos se cambian de partido cuando el escenario no es favorable en sus sitios de origen. Dejan una ideología o una comunidad por sus intereses personales o sus convicciones. José Ángel Córdova Villalobos ahora es el candidato del PRI y hace tres años era precandidato del PAN. Ariel Rodríguez Vázquez ahora es el candidato del Movimiento Ciudadano y hace tres años era del PRD. Guillermo Romo ahora es el candidato del PRD, cuando hace tres años compitió por el PRI.

Pero no son los únicos.

La candidata del Partido del Trabajo, Laura Hermosillo, era candidata del Partido Verde hace varios años. Y Luz María Ramírez Villalpando, candidata del Partido Humanista, no había estado en un partido político, pero había trabajado con los gobiernos del Partido Acción Nacional.

Los cinco se cambiaron de grupo porque no les dieron espacios.

Córdova perdió la elección en el PAN y se fue al PRI.

Ariel no fue apoyado por el PRD para ser otra vez candidato y mejor se fue al Movimiento Ciudadano.

Romo quiso ser candidato del PRI y como no lo dejaron se fue al PRD.

Laura Hermosillo no tuvo espacio en el Verde y se cambió de camiseta.

Y Luz María Ramírez Villalpando no tuvo un sitio en el PAN y apareció en el Humanista.

La lógica de los cinco tránsfugas fue: No me dan un lugar, me voy.

Así se hace política hoy día.

Los únicos dos aspirantes a la Alcaldía de León que no han cambiado de partido son Héctor López Santillana del PAN y Rogelio Carrillo del Partido Encuentro Social (PES). Héctor López viene de la iniciativa privada y de los gobiernos del PAN y Rogelio Carrillo viene de la ciudadanía (se había dedicado a rescatar matrimonios con problemas y a fomentar la unidad en la familia desde una organización civil).

Ya veremos si esta circunstancia pesa en el electorado.

A lo mejor a los ciudadanos esto les importa un carajo. A lo mejor los mismos ciudadanos son igual de trapecistas y chaqueteros y se cambian de bando e ideología, a la primera oportunidad.

No hay congruencia.

No hay respeto a las ideologías. No hay lealtad a las instituciones. No hay temor a ser recordado como el gran chaquetero de la historia.

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pablo.carrillo@milenio.com