Reporte de inteligencia

Se le terminó el corrido al Jari

Una vez me lo encontré en los tacos de La Ponderosa, ahí frente a Soriana, y le pregunté: ¿Cómo está Jari? ¿Sigue viviendo en León?

Muy serio, el señor me pidió mi identificación de periodista, y me contestó: "No. Aquí está muy caliente. Si me quedo aquí, me pueden matar. Vivo en otra ciudad y vengo a León a ver mis negocios y a mi familia".

Este domingo, Gustavo Sánchez Reynoso, El Jari, fue asesinado por dos hombres encapuchados en la colonia Las Mandarinas.

Lo cazaron. Lo tenían en la mira desde hacía tiempo.

El martes pasado, había tenido una discusión con los operadores del cártel rival, según me contó ayer un viejo policía. Gustavo Sánchez Reynoso tenía problemas con los rivales y con los compañeros del mismo bando. Le reprochaban que estaba cobrando derecho de piso entre comerciantes de La Soledad y de otros rumbos, cuando la orden era solo vender la droga.

El Jari pensó tal vez que seguía siendo intocable, como había ocurrido en los últimos 25 años, desde que era ladrón de coches y negocios en la calle Rivera, en el centro de León.

El mafioso se había salvado de varias. Su hijo había sido asesinado en el 2013 allá por el Campestre y otro hijo había sido secuestrado, pero él seguía libre y activo. Alguna vez fue capturado y llevado a la cárcel, pero siempre conseguía su libertad con facilidad. Esa confianza en que no le hacían nada, pudo haberle costado la vida.

En los últimos meses, se la pasaba en la cantina El Azul en el Barrio de El Coecillo. Desde ahí, controlaba la droga de la calle Rivera y de una parte de la ciudad.

El Jari tiene un corrido largo en León. Fue el terror de la calle Rivera. Robó cientos de carros en la ciudad y vendió miles de dosis de mariguana y cocaína. Era casi una leyenda en el bajo mundo.

Este domingo se le terminó el corrido.

pablo.carrillo@milenio.com