Reporte de inteligencia

Se puede caer la BMW por hacer tanto ruido

No hay fórmula eficaz para conseguir una planta de autos, pero la experiencia nos dice que se requiere de mucha suerte: Una gran operación del Gobierno, un traje a la medida para la empresa, la infraestructura adecuada y mucha suerte otra vez.

El ex gobernador Juan Manuel Oliva lo consiguió tres veces. Ganó la Mazda, la Honda y la Volkswagen en su sexenio. ¿Y cómo le hizo Oliva?

La operación del Gobierno fue efectiva.

Se ofrecieron las mejores condiciones en México y en el Continente, y la negociación se hizo de la manera correcta, pero sobre todo guardaron una gran discreción. La secrecía de la negociación es clave. Las grandes empresas firman cláusulas de confidencialidad, es decir que nadie debe saber que están negociando en cierto estado, porque eso puede tumbar la inversión. Es como en el futbol: si un equipo quiere comprar a El Chicharito, nadie debe saberlo, antes de firmar, porque de lo contrario se puede caer la operación.

Juan Manuel Oliva fue muy cuidadoso de la discreción. Nunca hizo un anuncio anticipado y nunca reconoció los tratos. De hecho consiguió las cartas-intención y no lo dijo. La estrategia de Oliva fue la secrecía. Y de pronto daba la sorpresa de que Mazda o Honda ya estaban amarradas. Incluso nos dábamos cuenta un día antes de hacer el anuncio en la Presidencia de la República.

Por lo mismo ahora sorprende tanto ruido sobre la posible inversión de la BMW. Se habla tanto del tema y se hace tanto ruido, que da la impresión que ya se cayó la planta.

Según la lógica de Oliva, entre más se supiera, menos posibilidades había.

Aunque hay que esperar. Todavía falta un rato para que la BMW decida la inversión.

Y finalmente ninguna fórmula –ni la de Oliva, de hecho falló con la refinería de Salamanca- puede garantizar la inversión en León. La BMW sigue en juego.

Suerte.

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pablo.carrillo@milenio.com