Reporte de inteligencia

La presión de empresarios tumbó al General Miguel Pizarro

El general Miguel Pizarro Arzate, hizo lo que pudo. 

Su trabajo en la policía de León fue bueno, pero querían que hiciera milagros.

De cualquier cosa le echaban la culpa.

Un asalto en un negocio, era culpa de Pizarro.

Un robo a una tienda, era culpa de Pizarro.

Un asalto a un hombre que salía del banco, era culpa de Pizarro.

Así no funciona la seguridad.

La policía de León es mucho más compleja. La corporación pasa por un momento complicado por la salida de casi 500 policías, a quienes se les perdió la confianza. La policía sufrió una depuración profunda. Y eso la vuelve difícil de manejar.

De entrada hay 500 policías sin empleo (que saben cómo funciona la delincuencia), en busca de un ingreso para sus familias. ¿Qué andarán haciendo para conseguir dinero? Y hay otros mil policías nerviosos porque no saben si los van a despedir un día de estos y molestos porque despidieron a sus compañeros (con serias dudas sobre si vale la pena entregar la vida por una corporación que algún día les dará una patada en el trasero).

¿Cómo le das forma a eso? ¿Cómo le das sentido a un grupo de policías asustados y desanimados?

El trabajo por hacer es duro y complicado. La corporación necesita un proyecto serio y profundo que estructure la nueva policía de León, de cara a los grandes retos del futuro. Hay que crear una policía profesional que no sea abusiva (como ya era hace años) y que esté blindada ante los cañonazos de billetes de los narcotraficantes. Pero que sobretodo, sea una corporación que tenga la convicción de que es un honor ser policía y que vale la pena entregar sus años de vida a este proyecto.

El general Pizarro tenía el perfil para hacerlo, pero ya lo quitaron. Miguel Pizarro tenía el conocimiento, la experiencia y el profesionalismo para hacer el gran proyecto de León, pero lo tumbaron por cuatro o cinco asaltos que ocurrieron ayer o antier. Era un militar de alto rango, condecorado y premiado por el Ejército Mexicano, por sus servicios en altos niveles de responsabilidad. Pero aquí nunca le dimos valor a su trayectoria y a su conocimiento.

Ahí se metieron los empresarios leoneses. Los dueños de las empresas, exigieron su salida, sin tener conocimiento sobre el tema, sin entender que hubo un proceso de depuración, y sin tomar en cuenta que al interior también hay un grupo de policías queriendo hacer quedar mal a los jefes. ¿Ahora hacia dónde vamos? ¿A quién van a traer? ¿Cuánto se va a tardar el nuevo jefe en conocer la ciudad, ya no digamos en conocer la delincuencia? ¿Y ustedes creen que en cuanto llegue el nuevo, se acabarán los asaltos? Si el nuevo director sólo tendrá un año y 7 meses para trabajar por León, porque ya vendrá el nuevo alcalde de la ciudad.

El cambio se hace en el peor momento. La realidad es que ya no hay tiempo para empezar otra vez de cero.

Lo único que hará el nuevo jefe será tratar de evitar el asalto de ayer, con la intención de que los empresarios no pidan su cabeza.

Ese cambio, me recuerda a los cambios que hacen los equipos de fútbol cuando no llegan los triunfos. Los dueños quitan a los entrenadores cuando pierden tres partidos y luego traen a otro, esperando un milagro. Así jamás llegarán los resultados.

Ojalá que no nos equivoquemos.