Reporte de inteligencia

Un periódico se equivocó de asesino

El veterano periodista Jesús Blancornelas tenía una máxima de periodismo: prefiero perder la nota que perder prestigio.

Ese principio periodístico -con sus ligeras variantes, según cada reportero-, regula con frecuencia la tentación de publicar notas que no están confirmadas, con el deseo de ganar una nota exclusiva. El riesgo es que puedes publicar una mentira como si fuera una verdad, engañando a tus lectores y perdiendo prestigio y credibilidad.

Así le pasó ayer al periódico local a.m. de León. El diario publicó una nota asegurando que el joven Luis Peregrina, novio de la joven asesinada Ana Ivette González era el principal sospechoso del homicidio. Y dijo que la Procuraduría de Justicia del Estado de Guanajuato iba tras de él y que estaba desaparecido después de rendir su declaración ante el Ministerio Público.

Ayer el procurador de Justicia, Carlos Zamarripa, presentó a dos responsables que no tienen nada qué ver con Peregrina. Zamarripa explicó que no hay nada contra él y que sí está involucrado un ex novio de Ana Ivette que sí está prófugo.

Es decir que el a.m. publicó una mentira y una acusación grave contra una persona inocente y lo exhibió como un delincuente sin ninguna fuente de información y sin pruebas.

Es muy grave en términos periodísticos. Es injusto para el joven Peregrina y para su familia. Es un insulto y una falta de respeto para sus lectores. Y es una vergüenza para el periodismo cuyos principios fundamentales son la verdad y la credibilidad.

No es común que un periodista se ocupe de escribir sobre otros periodistas -nunca hablamos de nosotros mismos-, pero decidí hacerlo hoy por lo grave del error y la injusticia. La sociedad requiere de un periodismo profesional, serio y responsable que contribuya al apego a las leyes y al respeto a los otros. Un error de ese tamaño exige, en un periódico serio, a una disculpa pública y a una sanción en la redacción. Usando los principios éticos de Blancornelas podríamos decir que este periódico voló la nota y perdió prestigio.

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pablo.carrillo@milenio.com