Reporte de inteligencia

¿A quién le pagaron por el espionaje? Revela que Bárbara sí usa botox

En la campaña del 2000, un alto funcionario del Gobierno Federal me pidió el teléfono personal del candidato Vicente Fox Quesada. Los priistas querían intervenir su teléfono. Me dijo algo así como: Así nosotros sabemos qué está haciendo y tú ganas una buena nota.

Me sentí ofendido. Le dije, por supuesto, que no. Un periodista serio jamás haría una intervención telefónica.

Años después, en Guanajuato, un investigador privado me citó para mostrarme su nuevo equipo de intervención telefónica. Era una maleta gris con varios botones y controles. Me dijo que si el periódico pagaba 20 mil pesos podían intervenir el teléfono que quisiéramos y así sacar noticias.

Eso no es periodismo. Mandar intervenir un teléfono para hacer noticias, es una falta de ética, un delito grave y una bajeza humana. El reto del periodista es investigar los hechos y confirmarlos, con esfuerzo, de manera correcta y justa, sin hacer trampa. El periodismo es un oficio noble, de servicio a la comunidad, casi como el sacerdocio o la milicia, y por lo mismo debe ser ejercido por buenas personas, no por cínicos y sinvergüenzas.

El espionaje periodístico es un acto de sinvergüenzas. En Inglaterra el periódico News of the World (fundado en 1843, propiedad del magnate Rupert Murdoch), fue cerrado en el 2011 por ordenar escuchas ilegales. Los periodistas ya no reporteaban, sólo oían grabaciones ilegales. El director del diario y el jefe de la policía fueron encarcelados por intervenir teléfonos de ministros, actores y miembros de la familia real británica.

En México, en cambio, nunca pasa nada. Aquí se puede espiar al presidente del INE y a un secretario de estado, y nunca sabemos quién lo hizo. El espionaje está penado en nuestro país, aunque ya nos estamos acostumbrando a que los políticos perversos y los periodistas ingenuos o corruptos, lo utilizan como una forma de atacar y desprestigiar.

Hoy me tocó a mí.

Una página de Internet de León, cuyo director es Arnoldo Cuéllar (conocido porque el ex gobernador más corrupto de la historia, Rafael Corrales Ayala, lo hizo director de El Nacional corrupto en los buenos tiempos del PRI corrupto), publicó una conversación de Bárbara Botello conmigo. Un periódico serio la habría calificado de No Nota. No tiene carnita, como dicen los veteranos del oficio. Las únicas revelaciones de la llamada es que Bárbara quiere demandar al a.m. y que confirma que usa botox.

Ningún periodista respetado se atrevería a publicar una grabación ociosa, sin nota, a menos que tuviera una motivación económica o política. ¿Quién pagó entonces ese espionaje? ¿Quién ordenó esas grabaciones? ¿Quién cobró eso? ¿Acaso el periodista ordenó intervenir los teléfonos? ¿Le pagaron a alguien para publicar la grabación? ¿Quién comete el delito?, ¿El que espía o el que publica?

Yo por lo pronto voy a presentar una denuncia en la Procuraduría General de la República (PGR), contra quien resulte responsable.

Los periodistas serios de Guanajuato conocen la historia de los reporteros y saben quiénes sí pueden hablar de periodismo con la frente en alto y quienes mejor deberían quedarse callados cuando se habla de ética y honestidad.

Pero el tema ahora es más profundo. Estamos hablando de espionaje telefónico, escuchas ilegales, intervención de llamadas, un delito federal. Este asunto tiene que ventilarse en los tribunales.

Twitter: @pccarrillo
pablo.carrillo@milenio.com