Reporte de inteligencia

El miedo anda en moto

Cada que se me acerca una motocicleta, me da miedo. Cuando la veo por el retrovisor del coche, me asusto. Le piso al acelerador. Me doy vuelta. Me cambio de carril de inmediato. Me paso el semáforo en rojo cuando es de noche.

Esa sensación de inseguridad tiene nombre: psicosis. Ya hay psicosis en León ante los asaltos cometidos en la vía pública, a plena luz del día. Los asaltantes ahora utilizan motocicletas para moverse en la ciudad. Asaltan en tiendas y huyen en moto. Atracan a cuentahabientes del banco y escapan en moto. Interceptan a automovilistas para quitarles dinero y viajan en moto.

El miedo anda en moto.

Los ladrones se han dado cuenta que con este vehículo pueden perderse entre los coches, avanzar más rápido cuando hay tráfico y hasta meterse en sentido contrario, tal y como lo hacen los repartidores de pizzas y sushi.

Hay que canalizar la psicosis de manera positiva. Cuidarnos más en las calles –no confiar tanto en las personas que se nos acercan-, viajar con los seguros en las puertas de los coches y con los vidrios arriba. Hay que instalar alarmas en las casas y cámaras de vigilancia. Pero el Gobierno también debe hacer lo suyo.

En la Ciudad de México, por ejemplo, ya está permitido pasarse un semáforo en rojo, después de las 12 de la noche. Y es que cuando la calle está sola y oscura, a nadie le gusta quedarse ahí parado, esperando la luz verde. Allá el Gobierno decidió permitir que las personas se pasen el rojo, en la madrugada, para no dar oportunidad a que los delincuentes se acerquen a los vehículos.

Aquí no hemos hecho nada.

Estamos pasmados ante el incremento de la violencia y no hemos tomado decisiones. Estamos en shock por los casos de inseguridad –cada vez más espeluznante el último que el anterior–, acostumbrándonos a vivir con miedo.

Ahí viene una moto. Cuidado. Allá está un hombre extraño. Aguas. Acá hay un riesgo.  Vivimos perturbados.

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pablo.carrillo@milenio.com